Mateo 7:20: "Así que,
por sus frutos los conoceréis" Yo estoy segura de que la mayoría de
nosotras hemos escuchado a muchos cristianos y no cristianos, diciendo este
versículo bíblico. Muchos lo dicen cuando ven a una persona convertirse a
Cristo; pero según su criterio, "dudamos de su conversión". Pero esta
palabra se apega a todos los que le hemos entregado nuestra vida a Cristo.
Gálatas 5 nos habla de 9 frutos del Espíritu Santo, los cuales deben distinguir
a un verdadero cristiano, y estos nos muestran el carácter de Jesucristo.
Ahora la pregunta sería: ¿Cómo
obtengo estos frutos? Lo primero es haberle entregado la vida a Jesucristo,
declarándolo Señor y Salvador de nuestra alma, para que la promesa del Espíritu
Santo haya hecho su morada en nosotras, y es así como podremos empezar a dar
frutos agradables a Dios y frutos dignos de arrepentimiento.
Mateo 3:8: "Haced,
pues, frutos dignos de arrepentimiento". Qué delicioso es comerse una
fruta dulcita, que desde afuera podemos ver que está sana, con un color
brillante, con pulpa suave, que con solo verla se nos haga agua la boca. Y qué
terrible es comerse un limón que nos saca hasta las lágrimas. Toda fruta agria
es rechazada por el paladar; ni la queremos agarrar si está dañada en su
exterior; hasta la vista la rechaza si tiene una apariencia raquítica, con un
color opaco y oscuro o con olor a podrido.
Pues, quiero decirte que así
mismo podemos ser las personas, agrias o dulces, agradables o desagradables. Yo
antes era agria, pero cuando Dios llegó a mi vida, yo entré y sigo hoy en un
proceso de sanación para poder ser una mujer dulce, agradable a Dios y reflejar
esos frutos de una nueva criatura, como una hija de Dios. Si he nacido de nuevo
espiritualmente, habrá una transformación. El cristiano debería ser una persona
"dulce" y muy agradable, por aquello que dijo el apóstol Pablo de
"Ya no vivo yo, más Cristo vive en mí". La palabra es primero
para mí, y después para ustedes.
La realidad es que hay personas
que asisten a la iglesia y están más obstinadas que los que viven sin Cristo.
Un día le pregunté al Señor: —¿Por qué sucede eso? No es lo correcto. Dios me lo enseñó desde mi caso; tenía
amargura, muchas áreas dolidas y en mi carácter grandes luchas y no sabía qué
hacer o cómo ser libre. Eso sí, que a la hora de orar podía ver las
manifestaciones del Espíritu Santo en mi vida.
El Señor contestó a mi pregunta
de varias maneras, entre ellas con su santa y sabia palabra, y dándose un
periodo de tiempo. El Señor me hace entender esto; él nos da "DONES
Espirituales" porque eso es un regalo que él le da a los creyentes para la
edificación del cuerpo de Cristo y, como él no miente, cumple con su palabra.
Esos dones van a llegar a nuestras vidas cuando llega el Espíritu Santo y
comenzamos a vivir y a hacer su obra. Entre otras cosas.
Los "FRUTOS del
Espíritu" nacen cuando nosotros nos entregamos completamente a Cristo,
renunciando a nuestro YO. Nos negamos a nosotros mismos y buscamos andar como
Jesús anduvo, viviendo en el espíritu y no en la carne. Siempre dejando que el Espíritu
Santo renueve nuestro carácter, nos guíe, nos sane, restaure y redima nuestra
alma que está viciada y acostumbrada a hacer lo malo delante de Dios. Debemos
colocarnos confiada y ciegamente en las manos de Dios, para sanidad del alma y
libertad, sabiendo que "TODO" nuestro ser está mejor y seguro en él.
Dones, un regalo de él para mí.
Frutos, yo muriendo al yo y entregándome a él. Quisiera decirle que es muy
fácil y que esto es mágico, pero no; es un proceso en donde debemos y queremos
entrar a voluntad. De esa manera los frutos del Espíritu Santo comienzan a
reflejarse en nuestras vidas, cuando aprendemos a negarnos a nosotras mismas y
dejamos que Cristo viva en nosotras, muriendo a nuestros deseos. Y es que Jesús
dijo: "Yo soy el camino..." y nosotras decidimos caminar en él y por
él.
Por eso, en este camino no debe
haber cristianas obstinadas y amargadas odiándose y criticándose unas con
otras. Pateando con la Biblia en la mano al que está en el piso, o en una
prueba. ¡Que Dios nos ayude! Los hijos de Dios debemos ser como esa fruta dulce
que queremos comprar. Como ese árbol de buen fruto que deseo sembrar en mi
patio y que cada cosecha da mejores frutos. Confiamos en que Dios sana nuestras
heridas para ser dulces. Es un proceso; pásalo tomada de la mano del Espíritu
Santo. Mateo 7:17: "Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el
árbol malo da frutos malos".
La principal característica de
Dios es AMOR, y por amor dio a su Único Hijo para rescate de muchos. Por eso el
principal fruto del Espíritu Santo es el AMOR, amor de Dios que es derramado en
nosotros, así que no tenemos excusas. De ese amor se derivan los otros 8 frutos
del Espíritu: paciencia, bondad, alegría, dominio propio, mansedumbre, fe,
paz... Nosotras no podemos hacer esto solas; el Espíritu Santo está listo para
ayudarnos a tener ese carácter del varón perfecto que es Cristo Jesús.
Mujer, pídele al Señor que te
ayude a vivir con los frutos de su Santo Espíritu y seas el reflejo de
Jesucristo aquí en la tierra. Para tu casa, la sociedad, tu país, tu iglesia y
hasta en lo último de la tierra. Da testimonio a donde Dios te envíe y que
nuestro Señor y Salvador Jesucristo te lleve a tener un espíritu afable y ganes
almas para su Reino.
Oración: "Querido
Dios, hoy te pido que nos ayudes a dar buenos frutos agradables a tu paladar,
frutos dignos de arrepentimiento, que puedan tocar y ser ejemplo para que otros
vengan a ti. Que tu grande y precioso amor, tu gozo y tu paz fluyan de nuestros
corazones. ¡En el nombre del Señor Jesucristo! Amén.
