Marcos 9:35 "Entonces él (Jesús) se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el último de todos, y el servidor de todos".
El liderazgo, más que ser una
profesión, es una cualidad o un talento natural dado por Dios a una persona. Algunos
dicen que el líder nace, otros dicen que también se hacen.
En el mundo, los líderes tienden
a ser más tiranos que otra cosa; muchos intimidan, meten miedo, mienten,
liderizan con su fuerza, siendo autoritarios, groseros y abusivos; la verdad,
no son todos, pero hay una gran mayoría que ha conseguido lo que tiene a partir
de un liderazgo atemorizante y represivo o de pura manipulación, llevándose por
el medio a quien se le atraviese.
Dios usó hombres comprometidos e
íntegros, pero también incluyo a algunas mujeres en el proceso de liberación y formación de su pueblo. Ninguno era perfecto, pero amarón a Dios. De
diferentes maneras; la más nombrada es Débora, una mujer con poder de Dios,
autoridad, inteligencia, fuerza, destreza, sabiduría, quién escuchaba a Dios, lo
honraba y decidió vivír para él.
Ser líder en el mundo y ser líder
para Dios son dos extremos totalmente diferentes, porque Dios nos manda a
servir, no a ser "servidos". Nos manda a dar, a ayudar, a predicar
con el ejemplo. Usamos su poder y autoridad, no la nuestra. Debemos ser
amables, darlo todo por el prójimo, no buscando mi beneficio, sino el beneficio
del que necesita, no buscando recompensas, premios o elogios, sino que todo es para servir a
Dios.
Veamos estás 7 características
principales que debe tener una mujer con liderazgo propio:
1. Radia confianza y no miedo: Hay personas que tienen una gracia de Dios especial y radian confianza y amor. Son personas que saben escuchar y son sabias a la hora de dar un consejo; no se van a la ligera, sino que muestran el deseo de expresar una palabra que pueda ser de ayuda a las personas. No obstante, jamás un líder debe infundir miedo o terror, sino confianza.
2. Usa la disciplina y no usa su poder: Es disciplinada en todo lo que hace, está siempre preparada. Es una persona de orden; usa bien su tiempo, es responsable en sus actividades. No es un líder de poder, con mano dura, que lideriza con gritos, mala expresión, malas palabras, odio, etc. Esto puede señalar un conflicto interno; se hace ver fuerte, dura, inteligente, pero realmente es débil, está indefensa y a la defensiva; eso no es un liderazgo sano.
3. Anima, motiva, comprende,
no insulta. Está pendiente de las necesidades de las personas que lideriza;
ella sabe que todos tenemos problemas, que nadie es perfecto, que con su ayuda
puede hacer que cambie la forma de pensar de muchas personas. Es agradable
estar y compartir con ella; sabe escuchar, motiva a producir como un equipo,
les hace saber a su gente que está allí para cualquier situación. Ahora, si te
maltrata y te insulta para que hagas tu trabajo, es una líder abusiva, que
quiere pagar con los demás sus problemas. Así lo hace con los que creen que
son vulnerables ante ella. Por eso es importante sanar el corazón para liderizar correctamente.
4. Está interesada en ayudar a
las personas: Los buenos líderes con valores de Dios desean siempre ayudar
a las personas y saber que de está manera siguen los pasos del "Maestro". Un buen líder es de
corazón humilde y sensible; siempre desea estar al pendiente de las
necesidades, problemas y situación de las personas que le rodean, para
brindarles su ayuda y su apoyo. Ayudar a las personas le produce satisfacción y
regocijo; es de dar y le importa poco si recibe, porque sabe que a Dios le
agrada lo que está haciendo y eso le hace feliz, sus recompensas vendrán del cielo.
5. Está firme ante las críticas: Si un líder no está sano internamente, bien cimentado en su postura, una crítica puede derrumbarlo. Tener los oídos puestos para escuchar lo que se dice de él o de su proyecto puede ser un arma de doble filo; si escucha un piropo, estará encantado y crecerá, pero, si escucha un insulto o una crítica destructiva, estará acabado. Mejor olvidarse del qué dirán, porque la gente hoy día está más preparada para destruir que para edificar. La envidia habla con máscaras. Si lo estás haciendo para Dios, asegurate de que a Dios le agrade. Olvídalo, jamás podrás complacer a todo el mundo.
6. Es espontánea y no fingida:
No es falsa, sino que liderizar, ayudar, motivar, enseñar es su naturaleza, es
lo que mejor que sabe hacer en la vida; no está inventando o improvisando, se le
hace tan fácil y le produce placer y alegría, porque fue para eso que Dios la
diseñó, para ser líder y servir con amor. Una máscara oculta una identidad, pero en el liderazgo eso no se puede sostener por mucho tiempo. A Dios no le gusta lo falso, sino lo verdadero. Trabaja tu identidad en Dios y limpia tu carácter.
7. Depende de Dios, y no de su "yo": Hoy en día, el "yo" es como
un gran dios. Pero un líder de Dios depende de la ayuda, sabiduría y guía de su Creador y siempre debe tener a alguien a quien rendirle cuentas; no es
el "Llanero solitario", autosuficiente, es una persona que está
dispuesta a ser corregida, ayudada, enseñada, dirigida. Esto puede ayudarle a tener moderación y cuidado al tomar decisiones.
Para una mujer lider, su mayor y más importante
prioridad es depender al 100% del consejo de su Dios; recibe de él y se recarga para poder dar.
Aprende de él para poder enseñar; se llena de su conocimiento, sabiduria y amor para dar a los demás. Él es su fuente, quien la ayuda en sus fortalezas y debilidades, la sostiene en los momentos difíciles, cuida su imagen en el liderazgo, la hace ser genuina. Ella sabe que si está en completa comunión
con Jesús, recibe su carácter y la dirección de Dios antes que de los hombres, porque está sujeta
a su superior y honra a Dios como su servidora.
Una líder comprometida con Dios lleva a las personas a la presencia de Dios. Los líderes del mundo llevan a la gente a las cosas del mundo y los hacen rendirse ante ellos. Pero, Jesús busca líderes o "servidores" esforzados y valientes, capaces de negarse a sus propios deseos para hablar de su Dios y Señor hasta en su forma de conducirse. Seguir al maestro nos permite soportar las pruebas y las tormentas, y nos llevan a definir nuestra identidad, fe, y humildad de corazón. Un buen liderazgo habla del Dios a quien servimos, de seguro podremos equivocarnos o fallar, pero reconocer nuestras fallas y pedir perdón tambien dice quienes somos.
Una líder llamada por el cielo se apega al consejo de Dios por medio de su Espíritu y de su Palabra. Hay que buscar la sabiduría de Dios para liderizar y enseñar corazones. El que lidera edifica, no destruye. Salmo 32:8: "Te guiaré por el mejor camino para tu vida. Te aconsejaré y velaré por ti".
