jueves, 23 de enero de 2014

COMO SACAR LA IRA DE TI (Testimonio)

Efesios 4:31Quitense de vosotros toda amargura, enojo, ira, griteria y malidicencia, y toda malícia.

La ira es una emoción humana negativa; me atrevo a decir que todas las personas, aunque sea una vez en la vida, se han airado, por un hecho, un suceso, una injusticia, por egoísmo, por rebeldía. 

TESTIMONIO: Recuerdo pasar por una fuerte etapa en mi vida en que sufrí del mal de la ira. Me hicieron una operación que desequilibró mis emociones; unas se enterraron, otras se dispararon, entre ellas la ira. Al principio era solo de vez en cuando; después era continua. Me airaba por situaciones cotidianas, por problemas matrimoniales, por la enfermedad y por cualquier cosa. Con el tiempo, esa ira fue creciendo cada vez más, hasta llegar al punto que parecía que me paraba de la cama airada y me acostaba más airada todavía; era como un monstruo que no sabía cómo matar.

Tan solo con la mirada podía desaparecer a cualquiera. ¿Sabes de qué te hablo? Todo me molestaba y la mínima cosa me causaba una rabia impresionante; todos parecían idiotas delante de mí, nadie actuaba correctamente, siempre tenía una mala opinión sobre cualquier suceso. Desaprobaba a mi madre, a mis hermanos, a mi esposo, al mundo entero.
Tenía la cara amarrada, el ceño fruncido, la mirada era amenazante; mis palabras eran hirientes, el tono de voz era pesado, altivo, siempre dispuesta para la batalla, para la violencia. La gritería; la mala respuesta estaba en la punta de mi lengua, era como el veneno de la serpiente que, cuando se sienten amenazadas, se defienden. 

RECONOCELA: ¿Has conocido a personas así? Oh, ¿eres tú esa persona? Siento que absolutamente nadie puede decirme que no sabe si sufre de ira; pero para ser libre, lo primero que tienes que hacer es reconocerla y llamarla por su nombre.  Yo sabía que tenía un grave problema con esto, y yo quería controlarme a mí misma, pero me era imposible; estaba fuera de control, la ira estaba alojada dentro de mí. Reconocí mi mal, entre muchas cosas que ¡Sí! era  una mujer "iracunda". Reconocí que no se trataba de los demás, se trataba de un dolor alojado dentro de mí; era un problema personal, así que dejé que Dios explorara toda mi alma, removiendo todo aquello que me hacía daño. Sin querer, con mis acciones, actitudes y malas palabras, me hacía mucho daño y le hacía daño y destruía a las personas que, se supone, más amaba. Hasta que acepte que tenía este mal.

TIENE UNA RAÍZ: Es importante saber que la ira tiene una raíz, una razón, un porqué. Frustraciones, resentimientos, ofensas, dolor, rencor, abandono, abuso, maldición generacional, enfermedad, contiendas, ausencia de justicia, el pecado.  La ira es inseguridad, debilidad, miedo, orgullo herido, insatisfacción personal. Yo peleaba conmigo y erróneamente peleaba con Dios.

La palabra de Dios nos dice "Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo" Ef. 4:26). Pero qué difícil es airarse y no pecar, ¿verdad? Cuando no conoces a Jesús, cuando tu corazón no ha sido sanado o perdonado, cuando tu vida no está bajo el control del Espíritu Santo, la ira es un gigante difícil de vencer.

JESÚS ENTRÓ A MI VIDA: Acepté a Jesús en mi vida y me arrepentí ante Dios por todos mis pecados. Su perdón y perdonarme me ayudaron mucho, me aliviaron en gran manera; pensaba que al día siguiente de hablar con Dios estaría perfecta; sin embargo, no fue así, pasé por un proceso de sanidad y liberación personal y luego trabajé en los malos hábitos.

PERDONA: Perdoné a los que me habían hecho daño y me perdoné a mí misma; yo jamás hubiese podido librarme de esto, solo la mano bondadosa y fuerte de Dios pudo hacerlo. Eso sin entrar en detalles para decirte que realmente tenía una posesión demoníaca.
Cuando estas emociones negativas entrelazadas con otras se han apoderado de ti, esto afecta todo tu ser, tu espíritu, tu salud y tus relaciones. Los espíritus inmundos señorean y gobiernan una parte de tu ser cuando la ira está en ti; por eso debes recurrir a Jesucristo, porque solo Jesús y su Espíritu pueden sacar de raíz lo que produce este mal y sanar y liberar tu alma.

Nunca justifiques la ira, ni ningún pecado; porque, aunque la ira es obra de la carne, puede ser manejada por las tinieblas y es pecado. En Santiago 1:20 dice: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Hoy habla con Dios y dale el permiso a Jesús para que entre a tu vida y sane tu corazón; no dejes que el mal te controle. Jesús puede cambiar la ira en alegría, en amor y en paz, y te enseñará a vivir abundantemente. ¡Cristo te ama!