Juan 17:17 "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad"
SANTIFICADOS EN TU
VERDAD
Este es el momento en que Jesús
hace una extensa oración intercesora ante el Padre por sí mismo y por sus
amados discípulos. Para él venía la hora de su arresto y su crucifixión y para
los discípulos la persecución, el miedo, la separación, una transición confusa,
en medio de la muerte anunciada de su Maestro y Mesías.
Ellos habían decidido seguirle
años antes en medio de las preguntas, de la convicción, la fe, de las
confusiones, las pruebas, críticas y de la persecución. Entre milagros y
prodigios, sabiduría y autoridad, incredulidad, verdades confusas, verdades
claras, verdades eternas, una verdad con cara de hombre. Revelaciones del
Padre, revelaciones de un Reino. Estos hombres comunes habían decidido creer en
Jesús y seguirle reconociéndolo como el Mesías prometido por Dios. Quien decía
que era el Hijo de Dios que bajó a buscar lo que se había perdido. Hombres
normales, de diferentes estatus, parte de un pueblo, quienes vivían en la ley,
y que ahora se les develaba la gracia redentora y divina de Dios.
Esta quizás parecía una oración
más de Jesús por ellos ante el Padre Celestial, pero realmente se estaba
preparando para lo que venía; él sabía que se acercaba la hora de su arresto,
venía el momento cumbre de la obra que él había venido a hacer aquí en la
tierra; no había un después, o un más tarde, o un mañana para interceder por
sus discípulos y por sí mismo; este era el presente perfecto para fijar sus
ojos al cielo, dirigirse al Padre y decir: "Padre, la hora a
llegado" darle las gracias por su amor, por su respaldo, por
permitirle honrarlo y glorificarlo ante los hombres, y por el Padre
glorificarlo a él en la cruz y luego en la resurrección.
"Cuando estaba con ellos
en el mundo yo los guardaba en tu nombre" "Guárdalos del mal",
estas eran las palabras de amor de un padre, de un hermano, de un Dios que ama
celosamente y que por nada del mundo va a dejar desamparado a sus hijos. Jesús
clamaba ante Dios para que ellos vivieran en su amparo y en perfecta unidad. "Para
que todos sean uno: como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos
sean uno en nosotros" Amén.
“Yo ruego, por los que me
diste" Santifícalos en tu verdad". El ambiente ante esta
oración es íntimo: el Padre y el Hijo, el Hijo ante el Padre con una acción de
gracias, un ruego, un envío y una petición que abarca el presente, el futuro y
la eternidad.
“Mis palabras son espíritu y
son vida" "Jesús es la verdad" "El Consolador vendrá a
vosotros". Todos sus ruegos por nosotros ante el Padre están activos
en la palabra; el Espíritu de Verdad estaría con ellos, y la mejor noticia es
que está con nosotros hoy, y es el Espíritu Santo quien nos santifica y nos
lava en la preciosa y poderosa palabra de verdad de Jesucristo.
Santificación es lo que es santo,
apartado, separado y consagrado. Y aunque en el Antiguo Pacto santificarse era
como un ritual, tendemos a creer hoy que religiosamente nos podemos santificar
con ropa, actitudes, posturas, palabras, etc. Jesús nos santifica, nos
consagra, nos corrige, nos confronta, nos limpia, nos bendice, nos demanda ser
hacedores de su palabra. Nos muestra el corazón de Dios, su plan para la humanidad
nos enseña nuestra nueva identidad de hijos y nuestra nueva naturaleza. Nos da
promesas, nos delega autoridad natural y espiritual y nos enseña a combatir con
nuestros enemigos. Somos purificados, tenemos el sello y la guía del Espíritu
Santo y el perdón de nuestros pecados por causa de su Sangre preciosa que fue
esparcida sobre nuestras vidas.
Y es que cuando decidimos creer
en Jesús y seguirle, nos apartamos del pecado, nos consagramos a vivir para él
y somos santificados por medio de la fe en sus promesas, por la comunión y la
relación que a diario mantenemos con nuestro Señor. Su palabra nos
transforma y nos dimensiona, abre nuestro entendimiento, nos da sabiduría,
inteligencia, conocimiento y nos revela verdades espirituales.
Jesucristo se santifica a sí
mismo y santifica a los suyos. "Y por ellos yo me santifico a mí mismo,
para que también ellos sean santificados en la verdad" Todo
desciende y sale de él; Jesús es la fuente de la verdad que nos santifica y nos
separa para su gloria; él nos capacita y nos autoriza para representarlo y ser
parte de su cuerpo, de su iglesia. Aquellos hombres comunes, las mujeres, los
niños y el pueblo que un día lo siguió, lo escuchó y lo amó fueron santificados
por él, en él y para él. Hoy nosotros los que hemos decidido seguir a Cristo en
plena voluntad de nuestro entendimiento, igualmente somos hechos santos y
santificados por causa de la poderosa verdad de su palabra, por obra del
Espíritu que nos guía y nos recuerda toda la verdad que el Todopoderoso envió.
Hoy nosotros somos sus discípulos amados, aquellos que el mundo crítica y aborrece; debemos recordar que Jesús nos dice que estamos en el mundo, pero no somos de este mundo, y las obras que antes hacíamos ya no las hacemos más, y que su gran deseo y oración de ayer es la misma de hoy, que el Padre nos guarde del mal y que seamos guardados en su nombre y que su iglesia sea: "Una sola en él", todos santificados en su verdad, para glorificar al Padre.
"La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno".