Proverbios 4:23 "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida".
Vamos a analizar en qué estado puede estar el corazón de cada una de nosotras.
Debo aclarar que cuando Dios se refiere al corazón, no se refiere al músculo
físico que bombea sangre al lado izquierdo del tórax; se refiere al espíritu,
como al corazón que él entregó a cada uno de los seres humanos y que
les permite tener vida. En algunas versiones, la traducción de corazón
puede ser mente. Es decir que corazón y mente pueden ser lo mismo. Ahora
veamos que puede estar alojado en nuestro corazón que nos aleja de Dios:
Corazones carnales que no conocen a Dios: Orgullosos, duros,
despreciadores, rencorosos, perversos, alejados de Dios. Incrédulos,
con ira, odio, engaño, egoístas. Idólatras. Peleoneros, inseguros,
insensibles. Desesperanzados, materialistas, infieles, intrigantes. Amargados,
miedosos, celosos, vengativos. Amadores del mal, emocionales, destructivos,
viciosos, solitarios, perfeccionistas, etc. Entre otras características, son
corazones contaminados por el pecado, por las obras de la carne o por traumas.
Con maldiciones y faltos del amor o del perdón de Dios.
Corazones espirituales llenos de Dios: Han reconocido a Jesús
como su Salvador personal y a su iglesia como su cuerpo. Son amorosos,
pacíficos, alegres, mansos. Perdonadores y llenos de fe. Rectos, justos,
leales. Amadores de la verdad, pacientes, humildes, ayudadores, servidores.
Llenos de esperanza, confiados en Dios, dependientes de Dios. Respetuosos,
dadores, comprensivos, bondadosos. Aman el bien, aman al prójimo, aman la
palabra de Dios. Se rinden al Espíritu Santo. Reconocen el error, el
pecado, desechan la maldición. Y se arrepienten ante Dios cuando fallan.
¿Cómo te fue en el análisis a tu corazón? Sé que no es fácil,
pero hay que ser sinceras y transparentes con nosotras mismas, porque por esta
razón muchas personas se acercan a Dios y luego huyen por la derecha,
porque Dios nos da convicción de pecado y nos sabe confrontar con la
verdad de las cosas. Él nos dice todo aquello que "NO" queremos
escuchar, haciéndonos entrar en cuenta que nosotras no somos tan buenas como
creíamos. La Biblia dice: "Bueno solo Dios". Todas tenemos
fallas y un pecado original adquirido, junto con nuestras fallas, pecados
personales, maldiciones generacionales, etc.; por eso hay que entregarle el
corazón a Jesús de Nazaret para que lo limpie.
Tenemos que amar
la verdad para reconocer que hay maldad alojada dentro de nuestro corazón,
y esto es para todos. Todos los seres humanos necesitan el perdón de
pecados y ser examinados a la luz de las escrituras.
Inocencia: Cuando nacemos, tenemos un corazón lindo y tierno, no hay maldad en
él; cualquiera nos puede engañar con tan solo ofrecernos un dulcito. No
guardamos rencor; nos pueden meter siete empujones y dos pellizcos y al
rato estamos con esa persona que nos agredió jugando y sonriendo.
Nuestra mamá nos da un buen correazo por desobedientes y a los cinco minutos
vamos a sus brazos y le decimos "Mami te amo". Pero cuando tienes
quince años, tuviste una diferencia con tus padres o hermanos; luego cumples
ochenta, estás a punto de morirte y tienes el corazón repleto de odio
y rencor. "Sed como niños".
Mientras vamos creciendo y según el camino en donde nos desarrollamos y las
experiencias y circunstancias en que hemos vivido, el corazón va ensuciándose,
entenebreciéndose, enfermándose. Guardando los peores recuerdos y olvidando
todo lo bueno que nos ha pasado. Así que empezamos a buscar un
culpable de toda nuestra desdicha y a llenarnos de amargura. ¿Y a quién creen
ustedes que culpamos por nuestros males? A Dios,
a nuestros padres o a nuestra familia. Y nace la pregunta: "¿Dónde
estaba Dios cuando me pasó esto y aquello?" Y debo reconocer que hay
padres y familias que son terribles, pero Dios es bueno y es él el
que puede arreglar las cosas. Nuestros padres, al igual que nosotras y la
humanidad entera, necesitan un toque de Dios.
Guárdalo: La buena noticia es que tú puedes cambiar tu historia ahora mismo.
Dios te ama, te ofrece su ayuda, su paz, su perdón, su opción de
salvación y nos da la promesa de que, si le entregamos nuestro corazón,
será limpiado y cambiado total y profundamente por él mismo. El versículo dice:
"Guarda tu corazón" Nosotras tenemos una responsabilidad con
todo lo que entra a nuestra vida. "Mana la vida" En
un sentido figurado, son la esencia interna, los pensamientos, emociones y
deseos de una persona; es la fuente que fluye de todas las acciones y
decisiones que definen la vida de cada una de nosotras. Tú decides qué entra a tu corazón.
No te quedes amarrada al rencor, al sufrimiento, a padecimientos y
amarguras; suelta todas esas cargas en oración y ponlo en manos de Dios, no
pongas tu vida en manos de hombres, tampoco en manos de la religión.
El único que puede darte un corazón nuevo es el Señor Jesucristo.
"Porque de adentro, del corazón, salen los malos pensamientos, los
adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias,
las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia,
la insensatez; todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre".
Marcos 7:21-23 "Caras vemos corazones no sabemos". ...
"Pero Jehová mira el corazón". 1
Samuel 16:7
Dios sabe lo que llevas dentro; sea lo que sea, él quiere ayudarte y puede
hacerlo por medio de una relación con el Espíritu Santo; y de esta forma tu
corazón y tu espíritu serán transformados; yo sé que tu vida puede cambiar en
las manos de Dios. Pídele a Jesús con humildad que entre en tu corazón y
reconoce ante él que lo necesitas.
Un corazón
limpio y puro ha conocido a Dios y ha sido perdonado. Un corazón oscuro y
entenebrecido es esclavo del pecado y está lejos de Dios. "Bienaventurados
los de limpio corazón, pues ellos verán a
Dios" Mateo 5:8
Entrégale tu corazón a Jesús: Señor Jesús, reconozco que eres el
Hijo de Dios; te pido que entres en mi corazón, perdona mis pecados. Hoy
confieso que eres mi Señor y el salvador de mi alma. Límpiame y sáname.
Enséñame a guardar mi corazón. En el nombre del Señor Jesucristo. ¡Amén!
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