viernes, 2 de febrero de 2024

NO TENEMOS LUCHA CONTRA SANGRE Y CARNE

 

Efesios 6:12 "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".

La guerra espiritual es una completa realidad en este mundo. Y lo es para todos los seres humanos, pero hay que dejar muy claro que esto no se trata de una pelea entre Dios y el Diablo; el Diablo no es un contrincante para Dios, como se ha hecho creer o como algunos lo entienden. 

Dios creó a un hermoso y perfecto querubín, el cual luego desarrolló maldad en su interior, quiso sentarse en el trono de Dios y ocupar su lugar y, por su orgullo y rebelión, fue echado del cielo y se convirtió en el Diablo o Satán.

Él ahora habita en tinieblas; Dios es y está por encima de Satanás, sin comparación, y este le debe total obediencia por su condición de ser creado, así que Dios es la máxima potencia por encima de toda la creación y todo lo que existe; él es el Todopoderoso Dios, omnipresente, omnisciente, omnisapiente; todo es de él y para él.

Satanás no tiene ninguna de estas cualidades; el problema del diablo, y con lo cual él busca ir en contra de lo creado y de las leyes de Dios, y a quien él realmente odia, es a todos aquellos que están creados a imagen y hechos a semejanza del mismo Dios. Lo podemos observar desde el Génesis con Adán y Eva, cómo la serpiente, que era el mismo diablo, llevó a pecar a Eva y esta acción los alejó de la presencia de Dios. Satanás y todos los ángeles caídos odian a muerte al hombre, a la mujer y a toda su descendencia a través de todas sus generaciones, y es por eso por lo que busca robarlos, matarlos, destruirlos y mantenerlos esclavos del pecado, alejándolos de la presencia de Dios. De esta forma, creo que podemos entender de dónde procede la guerra espiritual entre el género humano y el diablo.

Ahora, démosle una sencilla mirada a lo que sucede en el mundo espiritual y cómo todo cambia cuando nosotros reconocemos a Jesús de Nazaret como nuestro único Señor y Salvador y lo proclamamos nuestro Rey soberano. Entonces sucede que estamos renunciando formalmente a un reino caído lleno de pecado, maldición y muerte liderado por Satanás, y ahora estamos entrando al Reino de Dios y de Luz liderado por Cristo Jesús, el Hijo del Dios viviente lleno de perdón, santidad, libertad y vida, quien pagó un precio de sangre en la cruz para liberar nuestras almas del pecado y de la muerte eterna; estamos rociados con la sangre de Cristo y el Espíritu Santo de Dios nos selló y está con y en nosotros.

Entonces esto se hace una realidad visible, real y palpable en el mundo espiritual; ahora cambia nuestro estatus, y podemos ser más espirituales por causa de dones o regalos entregados por el Espíritu Santo, y aquel a quien antes le servíamos puede detectar todo esto y se vuelve nuestro gran y feroz enemigo. Entonces se desata un conflicto entre un ser con un reino aceptado y triunfante y un reino renunciado y caído, un reino de tiniebla y un reino de luz.

Una vez más vuelvo a aclarar, ni el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu Santo tienen una guerra espiritual con el diablo, somos nosotros los seres humanos, los creyentes quienes tenemos una lucha y una guerra espiritual y sobrenatural contra los poderes, las estrategias y la maldad de satanás. Aún algunas corrientes de creyentes no lo creen o no lo apoyan porque dicen que ya Cristo venció a satanás y nos libró y sus promesas son una realidad en nuestras vidas y eso es una verdad absoluta, pero el problema aquí no es Jesucristo y su obra y sus promesas, Jesucristo venció a Satanás y eso no tiene discusión, el problema en este punto somos nosotros mismos, y todo radica en cuál es la veracidad y totalidad de nuestra entrega a Cristo.

Si dejamos el pecado que mora en nosotros, la falta de identidad que aún tenemos, el perdón y perdonar, el desconocimiento de quienes somos como hijos de Dios, las obras de la carne que nos dominan, la legalidad que en plena voluntad le dimos a los demonios por causa del pecado, las maldiciones que arrastramos y sus prácticas que en oportunidades no sabemos dejar. Las brechas por donde aún los demonios pueden entrar y sabotear y las trampas que el enemigo siempre va a poner para que nosotros caigamos o retrocedamos en nuestra fe, entre muchas otras razones. 

la obra de Cristo es perfecta, pero la mayoria de creyentes pasan por un proceso de libertad y crecimiento, todo va a depender de nuestro arrepentimiento y entrega absoluta. La sumisión al Espíritu, la obediencia a la Palabra de Dios, y lo que se nos hace más complicado, morir a nosotros mismos. Espiritualmente ya tenemos una posición, naturalmente en la carne todavía luchamos y cerramos brechas, somos niños espirituales en crecimiento. 1 Pedro 5:8 ¡Alertas! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar".

Tenemos un enemigo, un adversario, una lucha contra poderes demoníacos de las tinieblas. Satanás es llamado el príncipe y el dios de este mundo y debemos cuidarnos y resistirle a él; el versículo dice: "Cuídense" "Anda buscando", así que podemos escondernos en Jesucristo; no somos huérfanos, somos hijos del Dios viviente y no estamos solos ni desamparados en esta guerra.

Jesús venció a Satanás y nos hizo más que vencedores con él, y él nos dejó herramientas para vencer al enemigo, primeramente, las Escrituras, que es la verdad escrita de Dios. El Espíritu Santo y su poder en nosotros, la autoridad delegada de Jesucristo para los creyentes en contra de las tinieblas, la armadura espiritual de Dios que incluye salvación, justicia, verdad, fe, palabra, oración. Tenemos una nueva identidad en Cristo Jesús, los frutos del Espíritu, congregarnos, ángeles, Oración, ayuno, entre mucho más. "Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios." 2 Corintios 10:4

Hay un proceso y un crecimiento personal entre la entrega y el conocimiento de la verdad de las buenas nuevas de salvación de la doctrina de Jesucristo que nos hace libres, rompe las cadenas del pecado, destruye la cautividad, nos enseña lo que antes no sabíamos, nos acerca de Jesucristo y sus mandamientos. 

La guerra espiritual es completamente real, pero sí podemos vencer; lo primero es creerle y crecer en Dios y fortalecernos en Jesucristo, en obediencia y amor. Apartarnos del pecado y consagrarnos al Señor. El Espíritu Santo, el Consolador, es nuestro ayudador; él nos guiará a toda verdad y nos llevará cada día a los brazos del maestro. En cada lucha con el enemigo tendremos la estrategia y venceremos, en el poderoso y precioso nombre de Cristo Jesús. En donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

Santiago 4:7 "Resistid al diablo y huirá de vosotros".