Hechos 3:19 "Así que arrepientanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados sean borrados."
El arrepentimiento
genuino no es superficial, ni se basa en palabras vacías, sino que muestra un
corazón arrepentido que siente vergüenza y tristeza delante de Dios por su
condición pecaminosa. Un verdadero arrepentimiento te abate y te lleva a
desnudar tu corazón delante de Dios sin excusarte, solo para suplicar perdón y
misericordia. Por eso las personas que se arrepienten de todo corazón
experimentan cambios radicales, porque vencen el orgullo, vencen a su carne y
hacen grandes rompimientos en el mundo de las tinieblas.
La Biblia nos
narra la historia de muchos hombres y mujeres que para nada eran perfectos. Es
digno de admirar que Dios no ocultó los errores, flaquezas, pecados o impulsos
de sus corazones, ni el carácter de estos personajes, sino que los dejó
plasmados, no para que los critiquemos, juzguemos o señalemos, sino para que cada
testimonio de estos personajes nos deja una poderosa enseñanza y nos ayuden a
saber qué hacer, cómo actuar, qué no hacer, y a saber que el pecado o nuestros
impulsos carnales pueden dejarnos grandes y graves consecuencias.
Ya esto no se
trata de Dios, ni de sus promesas, sino de una verdadera entrega y de la
convicción y la decisión para hacer cambios. Nosotros tenemos que ser capaces
de venir delante de Dios y confesar nuestras fallas, humillándonos ante su
presencia para reconocer nuestros errores, sin excusas y sin justificación.
Veamos estos
ejemplos: Abraham mintió, desconfió de Dios, tuvo miedo y fue impaciente con
las promesas de Dios. Jacob engañó, usurpó, mintió, tuvo favoritismo con sus
esposas e hijos. Moisés se llenó de enojo e ira y desobedeció a Dios. David
asesinó, mintió y adulteró; el apóstol Pablo asesinó a muchos cristianos,
blasfemó en contra de Dios, luchó contra su carne, pero halló misericordia.
Pedro negó a Jesús tres veces. El rey Salomón idolatró e inclinó su corazón a
otros falsos dioses. Sansón reveló su poder, se dejó seducir por una mujer;
Jonás, Eva y la esposa de Lot entraron en desobediencia. Hay más, pero estas
pocas evidencias nos hacen saber que tenemos un Dios de misericordia que
perdona la maldad y el pecado y que puede transformar nuestro corazón, a
ninguno desechó, sino que los perdonó y les dio una nueva oportunidad.
Veamos cinco
formas en las que puedo arrepentirme genuinamente de mis pecados y alcanzar el
perdón, ver resultados y cambios y vivir la benevolencia de Dios por medio de
Jesús.
1. ARREPENTIRME
SIN JUSTIFICARME: Justificar mis fallas habla
de encubrir y de no estar realmente seguro de mi maldad o de que le he fallado
a Dios. Cuando me justifico, no asumo mi responsabilidad, sino que creo que si
yo fallé, fue por causa de otros o de las circunstancias; por eso es necesario
ir a la presencia de Dios con convicción de pecado y con humildad para que
pueda haber una limpieza espiritual verdadera. David le dijo a Dios en el Salmo
51:3: "Porque yo reconozco mis rebeliones y mi pecado que está
siempre delante de mí". Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo
malo delante de tus ojos."
2 ARREPENTIRME
SIN ACUSAR O SEÑALAR A OTROS: Acusar a
otros y escondernos detrás de las fallas ajenas es una buena táctica para
sentirnos santos y sin responsabilidad delante de Dios. "No hay justo,
ni aun uno" dijo Jesús. Esto no se trata de ver la paja en el ojo
ajeno, ni de echarse encima la culpa de otro; sin embargo, eso fue lo que
Jesucristo hizo. Nosotras tenemos que buscar dentro de nosotras y con la ayuda
del Espíritu sacar todo aquello que le desagrada al Señor, debo confesarme con
el único fin de tener un corazón limpio, sin mancha y sin arrugas delante del
Señor. Ya no más "Yo soy así". En Lucas 18:10-14 se nos
narra la historia de un fariseo y un publicano en el templo. El fariseo decía:
"... Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres,
ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano." El
publicano decía: "... "Dios, sé propicio a mí, pecador".
3. ARREPENTIRME
DE CORAZÓN Y HACER CAMBIOS: En Mateo
3:8 dice: "Hagan, pues, frutos dignos de
arrepentimiento." Cuando hay un corazón que le cree a Jesús y se
entrega, el arrepentimiento real trae cambios naturales, cambios de vida que
son visibles. Los frutos dignos de arrepentimiento dan evidencia de un corazón
y de un carácter que han sido tocados por Jesús. El amor, la fe, la paz y la
esperanza pueden verse, tan solo porque el pecado fue destruido y perdió
fuerzas en tu vida.
4. ARREPENTIRME
PIDIENDO PERDÓN Y PERDONANDO A OTROS: Todo aquel
que se arrepiente y recibe el perdón de Dios, da perdón. Dios nos demanda
perdonar, pero solo aquel que sabe lo mucho que Dios le perdonó por medio de
Jesús, solo el que entiende que Jesús tomó su lugar de castigo para darle vida
abundante y vida eterna, se esfuerza para perdonar a todo aquel que le haya
ofendido. El Espíritu Santo nos ayuda en esta labor que para muchos puede ser
difícil. Este acto de perdón y de obediencia también es un fruto del
arrepentimiento genuino, como en el punto anterior. Efesios 4:32:
"Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense
mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo".
5. ARREPENTIRME
Y ESTAR DISPUESTO A RESTITUIR O REPARAR LOS DAÑOS: En
la Biblia, en el Antiguo Pacto, se habla de la restitución, reparar, retribuir
y pagar los daños al prójimo; esto era parte de la ley y, aunque estamos en la
Gracia y quizás pienses que eso ya no se hace, pues esto es parte de un corazón
cambiado y por eso vemos en el Nuevo Testamento cómo también podemos restituir,
reparar o pagar los daños. Eso podemos verlo en la historia de Jesús y Zaqueo
el recaudador de impuestos. En Lucas 19:8, Zaqueo le dijo a Jesús:
"Daré la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado a alguien,
le devolveré cuatro veces más." Esta acción fue y es un fruto de
una vida tocada y cambiada por el Señor.
He aquí 5 formas
de arrepentirse genuinamente; en mi caso, yo fui del remordimiento, las
excusas, los señalamientos, el no querer perdonar, sintiendome víctima,
buscando venganza y no sanidad. En ocasiones, tratando sin querer de manipular
a Dios, viéndome como una santa y pobre mujer a la que todos querían dañar. Con
el tiempo y con una relación con el Espíritu Santo, solté a todo el mundo, dejé
las excusas y sentí la necesidad fehaciente de arrepentirme con todo mi corazón
delante de Dios, para ver así cómo caían grandes murallas, fortalezas eran
destruidas y las tinieblas desaparecian de mi vida, para luego empezar a vivir
en la libertad y en el perdón del Hijo de Dios. Aún no soy perfecta, y sigo
peleando mis batallas, pero tengo al perfecto dentro de mí y él hará la
obra.
Yo creo que tú
puedes y quiero animarte a que no te dejes guiar por la carne o por el dolor,
sino por el Espíritu del Señor. Solo cuando nos arrepentimos genuinamente de
nuestros pecados podemos empezar a ver y a vivir las promesas de Dios desde la
paz y la libertad de nuestra alma, mente y espíritu.












