Juan 8:36: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.
Muchos
creyentes en Cristo desean ser libres de aquello que les oprime, pero la
libertad espiritual no es solo un versículo o una verdad bíblica doctrinal; es
más profunda y sencilla cuando damos los pasos correctos.
Todos
queremos ser libres de maldiciones, malos hábitos, pensamientos perversos,
heridas y traumas de la infancia, pactos satánicos o situaciones que nos han
mantenido estancadas o paralizadas. Sin embargo, querer ser libre no siempre
significa estar dispuesto a hacer lo necesario para caminar en libertad. No es
solo hacer la oración de fe. La Biblia nos enseña que Cristo es quien
verdaderamente nos hace libres y solo él puede liberar nuestra alma, mente y
darnos un nuevo corazón y espíritu.
Cuando
venimos a Cristo, tenemos que ser libres de falsas creencias, de la religión,
doctrinas de hombres, de pactos satánicos, de la esclavitud del pecado, del
temor, de la muerte eterna y del poder del diablo. Yo, pensé que todo me caía
sobrenaturalmente y que yo solo observaba en mi cama, pero la verdad fue que
pasé por largos y fuertes procesos donde el Espíritu Santo me enseñó que si yo
no me arrepentía de verdad y daba los pasos correctos o me entregaba toda, no
iba a suceder nada.
Así
que vamos a ver solo estos 3 errores que cometemos al querer experimentar esa
libertad que se nos da por medio de Cristo Jesús.
1.
CREER QUE PODEMOS SER LIBRES SIN ARREPENTIRNOS Y RENUNCIAR AL PECADO:
Uno
de los mayores errores que vivimos es querer ser libres sin estar dispuestas a
abandonar el pecado o aquello que nos mantiene atadas. Queremos que Dios cambie
nuestra situación, pero muchas veces no queremos cambiar nuestras decisiones,
ni soltar lo que sabemos que es parte de las tinieblas.
Jesús
dijo en Juan 8:34: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del
pecado”. Por eso, el arrepentimiento es fundamental y clave a la hora de
buscar libertad espiritual. Hechos 3:19 dice: “Arrepentíos y convertíos,
para que sean borrados vuestros pecados”. Dios ya hizo su parte; nosotras
hacemos la nuestra.
Arrepentirse
es reconocer lo que sabemos que está mal, volvernos a Dios con todo nuestro
corazón, no por partes, y tomar la decisión cada día de cambiar la dirección
hacia la voluntad de Dios. No podemos pedir libertad mientras seguimos
abrazando las tinieblas; Jesús quiere que voluntariamente dejemos aquello de lo
que Dios nos está llamando a salir.
2.
CREER QUE UN PASTOR O LÍDER PUEDE HACERNOS COMPLETAMENTE LIBRES CON UNA SOLA
ORACIÓN:
La
oración de un pastor o líder puede ser de gran ayuda, pero ninguna persona
puede ocupar el lugar de Cristo, ni tomar las decisiones que nosotras debemos
tomar. Solo Dios sabe lo que llevamos dentro y la verdadera libertad viene
cuando nos conectamos con Jesús. Juan 8:36 declara: “Si el Hijo os
libertare, seréis verdaderamente libres”.
Y
quiero decirles que es válido; un líder puede orar por nosotras, aconsejarnos,
enseñarnos y acompañarnos en el proceso, pero no puede meterse dentro de
nosotras y vivir nuestra relación y deseos con Dios. Nosotras debemos
permanecer en él, en su Palabra, obedecerle, mantenernos en comunión con su
Espíritu, alejarnos de las obras del enemigo, matar las obras de la carne y
vivir cada momento dispuesta a ser transformada. Dios sí nos ayuda por medio
del Espíritu Santo, pero él trabaja con nuestras decisiones.
Jesús
dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan
8:31-32. La oración puede ser el comienzo de un proceso, pero nuestra
relación con Dios debe continuar después de esa oración para fortalecer nuestro
espíritu.
3.
CREER QUE NO TENEMOS NADA QUE HACER Y SOLAMENTE DEBEMOS ESPERAR
Otro
error es pensar: “Ya oré, y ya oraron por mí; ahora solamente tengo que esperar
que Dios lo haga todo”. Dios hace su obra en nosotras, pero también espera
nuestra participación. La Biblia nos llama a permanecer firmes, obedecer y
caminar en aquello que Dios nos enseña. Hay fe, voluntad y acción.
Gálatas
5:1 dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo
libres”. Ser libres también implica tomar decisiones diferentes al pasado;
renovar nuestra mente necesita de nuestro aprendizaje; permanecer en oración es
parte de nuestra relación con Dios; estudiar la Palabra amerita tiempo y el deseo;
alejarnos de aquello que nos lleva nuevamente a la esclavitud, forma parte de
nuestra actitud. Cambiar hábitos necesita de demonio propio; para ir a la
iglesia necesitamos convicción, deseo y disposición.
La
libertad, también
consiste en aprender a vivir de una manera diferente, convencidas de que Dios,
por medio de Jesús y de su Santo Espíritu nos permitirá vivir en la verdadera
libertad que es en Cristo Jesús, pero eso va a suceder si nos entregamos
completamente a él.
La libertad verdadera requiere nuestra participación continua. Cristo es quien nos liberta, pero nosotras debemos tener el deseo y responder a su llamado. Renuncia al pecado, permanece en su Palabra, obedece y toma decisiones que te conduzcan hacia una vida diferente, lejos del mal.
No
podemos dejar nuestra libertad en manos de un hombre o de una experiencia espiritual. Podemos recibir ayuda y acompañamiento,
pero también tenemos una responsabilidad personal delante de Dios.
Hoy,
quiero decirte que la libertad verdadera comienza cuando dejamos de esperar que
otros hagan por nosotras lo que Dios nos está llamando a hacer con Él.










