¿Cuántas veces en nuestra vida
hemos considerado haber sido bendecidas por Dios y no se lo agradecemos?, y
¿cuántas veces hemos estado sumergidas en una tristeza y le reclamamos a Dios?
¿Por qué a mí?
Creemos que una bendición es algo
material específico. Un beneficio especial que deseamos y que hemos recibido o
conseguido, pero hay detalles gigantescos que debemos tomar en cuenta, como
reconocer que haber nacido es una bendición; hoy en día, millones de
"buenas" mujeres no dejan nacer a sus hijos.
Respirar es una inmensa
bendición, tomar agua limpia o poderla conseguir es una bendición. Dormir bajo
un techo es una gran bendición, tener que comer y vestir es una bendición. Poder
estudiar, tener un empleo, tener una familia, amigos. Dedicarse a servirle a Dios,
leer su palabra, escribir sus promesas y bendiciones, es una bendición. Hasta
el dinero que ganas, sea mucho o sea poco, entre miles de bendiciones más que
obtenemos a diario. Pero la bendición más grande es tener voluntad de decisión y
el poder buscar la presencia de Dios y relacionarnos con él personalmente por
medio de su Hijo Jesús; es decir, la bendición más grande comienza en el
espíritu, conectada con el gozo de la salvación, con el Espíritu de Dios.
En una oportunidad recibí una
llamada y me dijeron algo que me confundía y me sentí tan mal y triste, no
sabía qué pensar. Fui a la iglesia y le comenté a un guía espiritual lo que me
sucedía; su respuesta fue este hermoso versículo: "La bendición de Jehová
es la que enriquece, y no añade tristeza con ella". Realmente esto me
abrió los ojos y me ayudó a darme cuenta de que esas palabras no venían de
Dios; eso me alivió y le dio paz a mi corazón.
Vemos la palabra
"enriquece" e inmediatamente pensamos en dinero o riquezas
materiales, pero, aunque Dios sí puede darle riquezas a alguien, tienes que pedir
sabiduría para administrar, las riquezas hablan de abundancia y la bendición de
Dios más grande para los seres humanos que nos enriquece en todos los sentidos
es su palabra. En ella encontramos su presencia y eternidad, que no se compara
con nada creado. Su Reino Celestial, que no tiene nada que ver con este mundo. La
revelación de su amado Hijo, Rey de Reyes y salvador de la humanidad, nada ni
nadie lo podrá igualar. Sus bendiciones espirituales enriquecen nuestras vidas
y no nos entristecen.
Seamos sabias amigas; recuerden
que pueden creer tenerlo todo, pero si no tienes a Cristo, no tiene nada, y
puede tener a Dios sin tener nada material y tenerlo todo. Ya hemos visto a
muchos tener todas las comodidades materiales y suicidarse porque se sentían
vacíos, tristes y algo que no entendían les faltaba; ese algo es ¡Jesucristo en
su corazón! Porque es él quien completa la existencia y la alegría plena en el espíritu
y corazón del ser humano.
"Hay quienes pretenden ser
ricos, y no tienen nada; y hay quienes pretenden ser pobres, y tienen muchas
riquezas". 13:7
Recuerda: Dios no va a poner algo
en tu vida o va a darte una bendición que te produzca tristeza, llanto y
desesperación o depresión. Lo que Dios envía a nuestras vidas es para bien, nos
llena, nos completa. Nos da gozo, paz, nos hace crecer, enriquece nuestro ser,
el alma, el cuerpo, llena el espíritu. Si Dios te manda muchas riquezas
materiales, antes te va a dar mucha sabiduría para que las manejes, y controles
el dinero para que él no te controle a ti y no se convierta en tu dios;
entonces eso no te va a llevar a las deudas y a los problemas, ni te alejará de
él. Si viene de Dios, habrá paz en tu interior y quedarás bien ante Dios y ante
los hombres.
Con un corazón humilde, hoy
acércate a Dios y llévale los problemas y pídele ayuda, creyendo que
responderá. Con solo conocerlo y relacionarte con él, pues él te quitará la
tristeza de tu vida y vendrá la alegría a tu corazón. Dios te va a ayudar a
resolver tus asuntos y te va a guiar a tener una vida bendecida y enriquecida
principalmente con su palabra y el Santo Espíritu de Dios, que entrará a tu
vida cuando declaras a Jesucristo como el Hijo de Dios y el único Señor y
Salvador de tu vida. No más tristezas y que venga la alegría y la paz de Dios a
tu corazón.
