Juan 14:26 (RVR1960) “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”
En Juan 14, Jesús, hablando con sus discípulos, les dice que él se iría, pero que no los dejaría huérfanos; el Consolador vendría a ellos; esa era la promesa del Padre, el Espíritu Santo.
Lo mejor de todo, es que vendría y se quedaría a vivir en
cada creyente. Él sería nuestra ayuda permanente y quien nos guiaría a toda
verdad. No obstante, con eso sería nuestro maestro y nos enseñaría y recordaría
las palabras del Señor, para que pudiéramos vivir conforme a su voluntad.
- Él es nuestro Consolador: El Espíritu Santo hoy nos acompaña y nos consuela. Nos brinda fortaleza y da paz en momentos de dificultad. Su guía y ayuda en tiempos difíciles, en medio de la aflicción, la enfermedad y la persecución, son claves para mantenernos firmes y no retroceder.
- Él es nuestro Maestro: El
Espíritu hoy es quien nos enseña todo lo que tiene que ver con Dios y su
palabra. La verdad de Cristo, la salvación, las profecías. Él nos quita el
velo y nos da entendimiento espiritual y natural para aplicar la Palabra y
poder vivir conforme a la vida cristiana.
- Él es nuestro guía constante: El
Espíritu Santo hoy nos recuerda las enseñanzas de Jesús en el momento
oportuno; él nos ayuda a tomar decisiones sabias. Nos guía por el camino
correcto, nos da sabiduría y señales para que con entendimiento caminemos
la carrera de Cristo y no nos desviemos ni a derecha, ni a izquierda.
La promesa y
la compañía del Espíritu Santo son la clave para poder seguir a Cristo y
mantenernos firmes en las pruebas, en la escasez, en los procesos y aun tener
sabiduría para manejarnos en tiempos de abundancia y que así glorifiquemos a
Dios en todo tiempo.
Nunca
estaremos solas; el Consolador será nuestra ayuda y consuelo en los tiempos de
preparación, de crecimiento y de batallas. Su poder se perfecciona en la
debilidad y nos dará el crecimiento y la llenura que necesitamos para cumplir con el propósito de
Dios en la tierra de los vivientes.
Mantente firme, y deja que el Esíritu del Señor te levante y te llene de su presencia, jamás te dejará, el Señor Jesus jamás te desamparará. La promesa hoy está vigente y la palabra dice que, él estará con nosotros todos los días de nuestra vida y hasta el fin del mundo. Amén.

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