Esto es para todo el mundo, pero nos toca mucho a todas las mujeres, quienes, según los estudios, hablan más de 20.000 palabras por día, mientras que los hombres hablan un aproximado de 7000 palabras diarias.
Aunque esto es para ambos sexos,
sería bueno informarnos y dar una revisada a: ¿De qué estamos hablando? ¿De
qué? ¿Para qué? La palabra de Dios dice: "Mi pueblo perece por falta de
conocimiento" Así que vamos a conocer qué nos advierte Dios sobre ese
músculo sin hueso que produce palabras a cada instante y que puede traernos
muchos problemas e incluso la muerte, pero que, usándola correctamente y como
Dios manda, trae la vida y bendiciones para nosotras y para todo lo que nos
rodea.
VIDA Y MUERTE: Dios nos dice que "La
lengua tiene poder para vida y para muerte". ¿En cuántos problemas nos
hemos metido por hablar más de lo que debíamos? ¿Cuántas veces hemos dicho lo
que no queremos? ¿Con cuántas palabras hemos dañado otras vidas? ¿Cuántas
relaciones de organizaciones, familias, iglesias, matrimonios, amistades, naciones
se han roto por un comentario, chisme o por una ofensa dicha? ¿Cuántas personas
habrán muerto por tan solo hacer una declaración de muerte? ¿Cuántas
bendiciones has recibido con tan solo proclamarlas? ¿Cuántas maldiciones o
bendiciones se pueden tener en la vida a causa de la declaración de otros?
"Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los
dichos de tus labios". Pr. 6:2. Es necesario hacer una auto evaluación responsable ante Dios.
DECLARACIONES QUE MALDICEN: Recuerdo una noticia de hace
muchos años cuando un joven actor de telenovelas muy famoso murió y sus
familiares y amigos dijeron que él siempre había dicho: "Yo sé que voy a
morir joven". Otros dicen: "Es que yo tengo mala
suerte", "me voy a quedar solterona", "no sirvo para
nada", "nadie me quiere", "nací para ser pobre",
"mis hijos nunca van a ser nada en la vida", "estoy
estresada", "mi vida es una porquería", "todos los hombres
se burlan de mí", "siento que me voy a morir", "nada me
sale bien", "soy enfermiza", "soy un asco", "soy bruta". "Del fruto de la boca del hombre, se llenará su
vientre". Pr. 18:20. Yo pasé por eso.
SIEMBRA Y FRUTO: Aunque puede haber otras
implicaciones, las palabras se sueltan y se siembran y luego dan frutos que
pronto comeremos. Cuando la lengua se desata, es bastante difícil pararla; si
es un chisme, por más que sepamos que está mal, no nos detenemos. —¡No te creo!
—¡Cuéntamelo todo! —Si estamos peleando, es peor aún, porque hasta que no
digamos la peor barbaridad, soltemos maldiciones, palabras sucias, ofensas,
calumnias, no cerramos la bocota. Y díganme si se trata de "Peleas
maritales" —¡Ay, Padre! —Mejor no hablamos de ese asunto. Solo recuerda, que las palabras son como semillas que luego dan frutos, dulces o amargos.
DECRETOS ESPIRITUALES: Lo que soltaste queda decretado, declarado en el mundo espiritual, ángeles y demonios están atentos a tus dichos. La
palabra es espiritual, no material, así no lo veas. En Juan 6:63 Jesucristo dijo: "... las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida".
Las palabras tienen más poder de lo que nos imaginamos. Una palabra llena de odio, ira, enojo, rencor, que no va conforme a la palabra de Dios puede ser tomada por el enemigo y ejercer poder legal sobre ella para matar, robar y destruir a una o muchas personas.
LIBERACIÓN Y SANTIFICACIÓN: Yo sé que esto no es fácil, pero cuando nosotras le
entregamos nuestra vida a Cristo, eso debe cambiar; tenemos que pedirle perdón
a Dios por nuestras palabras y decirle al Señor que limpie nuestra boca y, junto con eso, nuestro
corazón. "De la abundancia del corazón habla la boca". El Espíritu Santo debe liberar nuestro corazón y nuestras palabras cambiarán. Empezar a hablar
palabra de Dios, palabras de bendición, palabras positivas, constructivas.
Tenemos que aprender a hablar conforme a lo que Dios ha decretado. Si decimos
algo que no es correcto, arrepentirnos, anularlo en el mundo espiritual y
pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe a hablar. Nadie es perfecto, a todas
nos pasa, y la lengua a veces es más veloz que el cerebro; cuando lo estás
pensando, ¡ya lo dijiste! Hoy sé que hablar y callar es un arte. "¡Ninguna
palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para
edificación!". Efesios. 4:29.
APRENDE A HABLAR: Para entregarnos a Cristo hay que declárarlo con nuestra boca; solo él puede enseñarnos a tener cuidado con lo que hablamos. Declara palabras que bendigan
todo lo que haces, la vida de tus hijos, tu esposo, toda tu familia, tus proyectos. "¡Hoy va a ser el mejor día de mi vida!" "¡Con Dios todo lo puedo!" Habla lo que Dios dice de ti, y pídele a
Dios que rompa y anule todas las palabras de maldición que han salido por tu boca y también anula las que han dicho en contra de tí.
Recuerda que Dios es espíritu; el diablo es espíritu y nuestras palabras son espirituales. Por eso recuerda que nuestras palabras
nos atan al cielo o al infierno. A partir de ahora cuida lo que sale por tu boca, porque por cada una darás cuentas. Aprende a decir: "Jesús es mi Señor", "soy una
mujer bendecida", "soy sana", "Dios me cuida", "Jesús me ama", "Dios te bendiga". Cada día pídele al Espíritu Santo que tus palabras sean de bendición y no de maldición, hoy es el día para empezar a corregir nuestro vocabulario.
Oración: "Padre
celestial, te pido que sanes mi corazón y me ayudes a controlar la lengua, que
me enseñes a hablar, a usarla para edificar, que su poder me traiga bendición,
amor y no dolor, destrucción y muerte. Con mis palabras quiero bendecir a otros. En el nombre poderoso de Cristo Jesús”.
¡Amén!

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