Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2026

5 CARACTERISTICAS DE UNA MUJER QUE CREE EN DIOS


5 características de una mujer que cree en Dios

Millones de mujeres dicen que aman y creen en Dios, pero, se le conoce a una mujer que cree en Dios no porque lo dice, sino por sus frutos y por lo que hace.

Primero que nada, si dices creer en Dios pues tienes que creer en todo lo que él diga, no solo lo que te conviene o en lo que entiendas, porque seguramente hay cientos de cosas que Dios hizo, hace y hará que jamás entenderás por ti misma y es por lo que, precisamente en Dios se cree por medio de la fe ¿Qué es la fe? La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. “Si crees, verás la gloria de Dios”. Dicho esto, comencemos a estudiar apenas cinco de las características más importantes de una mujer de fe que ha decidido depositar toda su confianza en su Creador.

1. Tiene una fe firme e inquebrantable en Dios

Una mujer que cree en Dios confía en Él aun cuando no entiende lo que está pasando. Y es fácil, decirlo, pero difícil vivirlo. En las buenas y en las pruebas hay que seguir creyendo y amando a Dios. “fe, certeza, espera, convicción.” Hebreos 11:1. Los momentos de dificultad, procesos y desiertos nos afirman en Dios o nos alejan de él.

2. Vive con amor y bondad

En estos tiempos aun dentro de la iglesia parece que amar al prójimo es un imposible, pero si el Espíritu está en nosotras claro que se puede amar y tener bondad con el prójimo, pero a veces necesitamos sanar primero nuestro corazón. Por eso la mujer que cree en Dios y le ha entregado su vida a Cristo refleja el amor de Dios en sus acciones diarias, tratando a los demás con respeto y compasión, porque eso es lo que haría Cristo.

El Espíritu Santo es clave en esta labor porque solo él puede transformar y llenar un corazón del amor y la bondad de Dios. Recuerden que son los frutos del Espíritu en nosotras lo que hacen esto posible. No es apariencia, es una vestidura. “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” Colosenses 3:14

3. Busca a Dios en oración cada instante de tu vida

Mantén una relación íntima y constante con Dios a través de la oración, del ayuno, de la palabra. Un corazón que ama a Dios le da lugar a su Señor y la oración es una arma secreta y poderosa que nos permite no solo batallar y pedir lo que necesitamos, sino que principalmente nos conecta con la presencia de Dios y nos permite conocer al Espíritu Santo, en verdad. “Orad sin cesar.” 1 Tesalonicenses 5:17

4. Tiene temor de Dios (respeto y reverencia)

No vive para agradar al mundo, sino que vive y respira para agradar a Dios. Respeta su palabra, su verdad, a sus hijos, a su iglesia y ministros. Se esfuerza y crece espiritualmente para caminar en obediencia. Pide perdón cuando sabe que está fallando. El temor a Dios no es lo mismo que miedo a Dios, Dios es nuestro Padre y le respetamos con reverencia, porque conocemos su magnificencia y poder, pero nos refugiamos en su misericordia y le adoramos. “La mujer que teme a Jehová, esa será alabada.” Proverbios 31:30

5. Tiene un corazón perdonador

Yo sé que no es fácil, perdonar se ha convertido en un problema hasta dentro de la iglesia, pero con la ayuda del Espíritu no es imposible. Yo era mega rencorosa, pero entendí que si amaba y le creía a Dios tenía que tener un corazón perdonador. La Biblia dice que Jesucristo perdono todos nuestros pecados y lo hizo por misericordia, y así nosotras creemos que mucha gente no merece nuestro perdón, nosotras no merecíamos el de Dios y nos lo dio.

Tenemos que orar y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude y limpie nuestro corazón para perdonar y ser perdonadas. El perdón es una bondad y una característica innata de Dios y eso por más difícil que sea debemos imitarlo, como me ayudo a mí, yo sé que te ayudará a ti.

Le creo a Dios porque estoy convencida de su verdad y de su amor por mí. Confío en él y confío en sus promesas que me permiten vivir confiada, dependiente de su Espíritu, su verdad y su palabra.



lunes, 7 de marzo de 2016

FE QUE AGRADA A DIOS


Hebreos 11:1 "Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve"

Todos necesitamos tener fe, y la buena noticia es que todos tenemos fe. La fe es activada cuando la usamos; es por medio de ella que podemos ver al mañana, grandes hechos, milagros, sueños cumplidos, metas alcanzadas y resultados poderosos.

Dios le dio una medida de fe a cada ser humano, porque para creer en un Dios que no vemos y colocar nuestra confianza en un Salvador para perdón y vida eterna, hay que indispensablemente tener fe. La palabra dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Es decir que cuando nosotras llevamos una vida basada en hechos de fe, Dios está complacido con nosotras.

Abraham es llamado padre de la fe; salió de su tierra a un lugar que no sabía porque un Dios que no conocía y se le revelaba como el Dios verdadero y eterno le ordenó salir e ir a donde él lo llevaría, dándole grandes promesas a él y a su esposa Sara, quien, por medio de la fe, siendo estéril, concebiría a su hijo Isaac en la vejez.

Un terrible enemigo de la fe, es el miedo y la incredulidad; estos dos la anulan, frenan las promesas, alargan los tiempos y pueden hacer que Dios nos lleve a pruebas que nos obligarán a tener fe. Por otro lado, las emociones negativas son un veneno para desarrollarla. Ella es como un músculo que, mientras más la usamos, más crece y se agiganta.

¿Cuál es la diferencia entre la fe que tiene el hombre incrédulo, que no ha colocado su confianza en Dios, y el hombre que ha creído y entregado su vida a Cristo?

En el caso del hombre incrédulo, hay muchas filosofías y organizaciones que están cimentadas en la fe. Pero, ¿la fe en quién? La fe en sí mismos, en hombres, religiones y en deidades. La fe en sí mismo alimenta el "egocentrismo" y coloca al hombre interior con un nivel de superioridad, convirtiéndose él en su propio dios. También el hombre ha seguido filosofías, estudios creados por hombres en donde, por medio de la fe, creen que después de morir, sin importar las advertencias de Dios, ellos estarán bien. Así mismo, las religiones crean un enfoque cultural y moral y la creencia en deidades como medio para llegar a Dios.

En el caso del hombre que le cree a Dios y ha colocado su confianza y fe en Jesús de Nazaret y en la verdad de su Palabra, su fe se cimentará en la obediencia. Si Dios dice que Jesucristo es su Hijo y que él lo envió a morir por nosotros para perdón de pecados y vida eterna, y sin la comunión del hombre con el Hijo nadie podrá llegar al Padre, así será, y así tendrá una relación personal con él.

Hebreos 11:6: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan".

En este caso, ya no se trata de mí, sino de que "en Cristo todo lo puedo". No es fe para conseguir más y más bienes materiales, sino es fe para creer en lo que Dios me dice y llegar a donde Dios me envía, así parezca imposible. Es fe para realizar buenas obras, es fe para agradarlo a él. Es fe para vivir sabiendo que él cuida de mí todos los días de mi vida.

La fe para creer que el Señor me defiende de los ataques de Satanás. Es fe para confiar en que llevaré su palabra hasta lo último de la tierra. Con fe confiaré en que él es mi máximo proveedor. Es fe para alcanzar todas las promesas que Dios dejó para mi vida, mi familia y las naciones. Es fe para creer que cuando parta de este mundo me encontraré con el Rey de reyes.

La fe es la que nos lleva a creer en grandes dones, milagros de sanidad, prodigios sobrenaturales; es por fe que obedecemos la palabra de Dios. Por medio de la fe servimos a un Dios invisible y glorificamos el nombre del Señor Jesucristo.

La visión de fe está segura de que verá lo que espera, está convencida de que lo prometido será una realidad y de que en el tiempo de Dios lo palpará y disfrutará. Cree y crea lo que no existe. La fe construye, llega al fin del mundo, atrae y consigue lo inimaginable, te aparta de la muerte y te hace vivir en paz; esa es la fe que proviene y provee Dios por medio de su Santo Espíritu en el creyente.

Podemos decir ahora que la fe del creyente no es para vanagloriarse, ni para beneficiarse egoístamente; todo es por gracia y por amor de su nombre; es para cumplir su propósito en nuestras vidas. Hebreos 11:3: "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía".

Si Dios te ha dicho o prometido algo, créelo en fe, porque a su tiempo llegará y se cumplirá la promesa que él te ha dicho; olvida las circunstancias y lo natural y recuerda que la fe mueve los montes, hace lo imposible posible. Teniendo esto claro, todos tenemos una medida de fe y claro que puedes creer por grandes cosas para ti y los tuyos, guiada siempre por el Espíritu Santo.

Una vez en Cristo, todo lo alcanzado en fe, sea espiritual, salvación, dones, obras, promesas, propósitos, sanidades, milagros, restauración, bendiciones personales, plenitud, familiares, materiales, monetarias, empresariales, siempre va a ser para dar testimonio y honor al Todopoderoso Dios.

Efesios 2:8: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios".

La Biblia nombra a muchos héroes de la fe; pero en este tiempo, Dios quiere que hombres y mujeres dejen una poderosa huella y sean ejemplo de fe para todos aquellos que los rodean y que sean recordados en el cielo y en la tierra por creerle a Dios y vivir caminando en lo invisible para llegar a las visibles promesas del Señor. Amén.


miércoles, 20 de enero de 2016

EL PERDÓN DE UN PARALITICO

Marcos 2.5, 12:  "Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico.   


Se me hace tan reveladora e interesante leer esta historia de sanidad hecha por el mismo Jesús, y cómo señalan a unos "hombres", no dice si eran amigos, hermanos, conocidos, o simplemente eran personas que andaban entre la multitud y, al ver la necesidad y la incapacidad de este paralítico de poder llegar a los pies de Jesús para encontrar su milagro de sanidad, estos actúan en fe y, arriesgándolo todo, pusieron frente a los ojos de Jesús al paralítico para sacar de él su gran milagro.

 Fue tanta su fe, que llamó la atención de Jesús, quien se detuvo para entregarles a estos hombres la dicha de ver a su compañero levantarse de ese lugar. Tomemos en cuenta que a Jesús le impresionó la fe de los "hombres" no habla de la fe del paralítico en sí.

Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados quedan perdonados". Hay que prestarle mucha atención a esto: "Tus pecados quedan perdonados".  No le dijo: "Eres sano", ¿por qué?, si estaba enfermo, paralizado. Le dijo: "Estás perdonado". Aquí el Señor nos deja ver cómo el pecado y la falta de su perdón pueden hacer y actuar en contra de nosotros terriblemente. El pecado puede mantenernos paralizados, inútiles de por vida en diversas áreas. Hoy, hay tanta gente enferma a causa del pecado, por causa de no perdonar a otros. Transgredir la ley de Dios trae en sí castigo, no para el vecino, sino para uno mismo, y hasta para nuestra descendencia. El mal, que por naturaleza vive en la humanidad, los mantiene atados, esclavizados, encadenados al mal; mental, espiritual, emocionalmente, y esto se manifiesta en el cuerpo. 

Venir a buscar a Cristo hace la gran diferencia; su presencia, su perdón es la medicina que nos libra de dolores y de muchas enfermedades, de la falta de paz y la frustración que han llegado a nosotras por la naturaleza pecaminosa que tenemos de hacer y tratar de esconder nuestros errores culpando a otros. Cuando somos perdonados, instantáneamente empezamos a sanar, a vivir y a experimentar la sanidad divina desde el espíritu, siendo renovados, redimidos y purificados por la sangre preciosa de Cristo Jesús. Así mismo, el perdón puede traer sanidad en el cuerpo.

Él se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios". Yo puedo dar testimonio de esto; llegué a los pies de Cristo con tantos temores, tan cargada, cansada y enferma. Llena de rabia, sentía que la vida me había tratado a las patadas. Estaba llena de rencor, de tristeza, de amargura; tenía tantos problemas internos y con ellos muchas enfermedades. Era esclava del dolor, de las pastillas y de la autocompasión. Todos los días luchaba por sobrevivir.


Cuando, por fin, decidí acercarme a Jesucristo, le pedí que entrara a mi corazón; y unos 2 meses después, me di cuenta de que ya no tenía varias enfermedades. No sabía por qué; en aquel momento parecía extraño, se me habían quitado solitas y no podía explicarlo, pero ya no estaban en mí.

La historia del paralítico de Bethesda me muestra claramente que cuando Jesús entró a mi vida y perdonó mis pecados, me hizo libre de muchas enfermedades y entes demoníacos que moraban en mí, esclavizándome y paralizándome en cuerpo, alma y mente.
Hoy, puedo ver tantas mujeres enfermas, tristes, llenas de dolor, sin paz, amargadas, solitarias, depresivas, confundidas, inseguras; y creo que  tan solo con aceptar el amor y la salvación de su creador quedarían sanas de muchas aflicciones del espíritu y del alma. Entendiendo que hay sanidades que ameritan de procesos de restauración y de un trato espiritual con el Espíritu Santo para una sanidad interior. 

Los hospitales están llenos de gente enferma a causa del pecado, enfermos espirituales por falta de perdón, y buscan una medicina física, pero su dolor está alojado en el alma y allí solo Jesús puede llegar y sanar. Entiende que los medicamentos pueden anestesiar los dolores del cuerpo, pero no quitan los dolores de un trauma, un abuso, una ofensa o de un pasado doloroso.

Cuando te llenas de valentía y decides creerle a Dios y pones tu vida en sus manos, te va a pasar lo mismo que a este hombre: ¡Serás sana! Y te levantarás y actuarás en fe...  "Él se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de todos..." Jesús levanta tu espíritu afligido, mujer, y te da nuevas fuerzas y saldrás caminando con la frente en alto a la vista de todos, para ser testigo en el mundo del poder sanador del Señor Jesucristo. Nosotras nos convertimos en testigos de la veracidad de la palabra de Dios; esta se manifiesta en nuestra vida entera, en nuestros cuerpos, en nuestra familia, en nuestro entorno, en cada actividad, en nuestras metas, en los cambios positivos, en el plan perfecto de Dios para cada una. Lo que creemos derrota a Dios, puede transformarlo en una victoria. 

Quizás la fe de otro obre a nuestro favor, quizás Dios vea la fe persistente de una madre, una esposa, una hija, una amiga o de un conocido para hacer y traer un milagro a tu vida, a tu matrimonio, a tu familia. El Señor desea que todos vengamos a él llenos de fe, creyendo que él es capaz de concedernos nuestras peticiones. Dile hoy a Jesucristo: "Entra a mi corazón y perdona mis pecados. Te entrego mi vida". Recibe sanidad en el nombre de Jesús.