
Hebreos 11:1 "Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve"
Todos necesitamos tener fe, y la buena noticia es que todos tenemos fe. La fe es activada cuando la usamos; es por medio de ella que podemos ver al mañana, grandes hechos, milagros, sueños cumplidos, metas alcanzadas y resultados poderosos.
Dios le dio una
medida de fe a cada ser humano, porque para creer en un Dios que no vemos y
colocar nuestra confianza en un Salvador para perdón y vida eterna, hay que
indispensablemente tener fe. La palabra dice que sin fe es imposible agradar a
Dios. Es decir que cuando nosotras llevamos una vida basada en hechos de fe,
Dios está complacido con nosotras.
Abraham es
llamado padre de la fe; salió de su tierra a un lugar que no sabía porque un
Dios que no conocía y se le revelaba como el Dios verdadero y eterno le ordenó
salir e ir a donde él lo llevaría, dándole grandes promesas a él y a su esposa
Sara, quien, por medio de la fe, siendo estéril, concebiría a su hijo Isaac en
la vejez.
Un terrible
enemigo de la fe, es el miedo y la incredulidad; estos dos la anulan, frenan
las promesas, alargan los tiempos y pueden hacer que Dios nos lleve a pruebas
que nos obligarán a tener fe. Por otro lado, las emociones negativas son un
veneno para desarrollarla. Ella es como un músculo que, mientras más la usamos,
más crece y se agiganta.
¿Cuál es la
diferencia entre la fe que tiene el hombre incrédulo, que no ha colocado su
confianza en Dios, y el hombre que ha creído y entregado su vida a Cristo?
En el caso del
hombre incrédulo, hay muchas filosofías y organizaciones que están cimentadas
en la fe. Pero, ¿la fe en quién? La fe en sí mismos, en hombres, religiones y
en deidades. La fe en sí mismo alimenta el "egocentrismo" y coloca al
hombre interior con un nivel de superioridad, convirtiéndose él en su propio
dios. También el hombre ha seguido filosofías, estudios creados por hombres en
donde, por medio de la fe, creen que después de morir, sin importar las
advertencias de Dios, ellos estarán bien. Así mismo, las religiones crean un
enfoque cultural y moral y la creencia en deidades como medio para llegar a
Dios.
En el caso del
hombre que le cree a Dios y ha colocado su confianza y fe en Jesús de Nazaret y
en la verdad de su Palabra, su fe se cimentará en la obediencia. Si Dios dice
que Jesucristo es su Hijo y que él lo envió a morir por nosotros para perdón de
pecados y vida eterna, y sin la comunión del hombre con el Hijo nadie podrá
llegar al Padre, así será, y así tendrá una relación personal con él.
Hebreos 11:6:
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que
se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le
buscan".
En este caso, ya
no se trata de mí, sino de que "en Cristo todo lo puedo". No es fe
para conseguir más y más bienes materiales, sino es fe para creer en lo que
Dios me dice y llegar a donde Dios me envía, así parezca imposible. Es fe para
realizar buenas obras, es fe para agradarlo a él. Es fe para vivir sabiendo que
él cuida de mí todos los días de mi vida.
La fe para creer
que el Señor me defiende de los ataques de Satanás. Es fe para confiar en que
llevaré su palabra hasta lo último de la tierra. Con fe confiaré en que él es
mi máximo proveedor. Es fe para alcanzar todas las promesas que Dios dejó para
mi vida, mi familia y las naciones. Es fe para creer que cuando parta de este
mundo me encontraré con el Rey de reyes.
La fe es la que
nos lleva a creer en grandes dones, milagros de sanidad, prodigios
sobrenaturales; es por fe que obedecemos la palabra de Dios. Por medio de la fe
servimos a un Dios invisible y glorificamos el nombre del Señor Jesucristo.
La visión de fe
está segura de que verá lo que espera, está convencida de que lo prometido será
una realidad y de que en el tiempo de Dios lo palpará y disfrutará. Cree y crea
lo que no existe. La fe construye, llega al fin del mundo, atrae y consigue lo
inimaginable, te aparta de la muerte y te hace vivir en paz; esa es la fe que
proviene y provee Dios por medio de su Santo Espíritu en el creyente.
Podemos decir
ahora que la fe del creyente no es para vanagloriarse, ni para beneficiarse
egoístamente; todo es por gracia y por amor de su nombre; es para cumplir su
propósito en nuestras vidas. Hebreos 11:3: "Por la fe entendemos haber
sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve
fue hecho de lo que no se veía".
Si Dios te ha
dicho o prometido algo, créelo en fe, porque a su tiempo llegará y se cumplirá
la promesa que él te ha dicho; olvida las circunstancias y lo natural y
recuerda que la fe mueve los montes, hace lo imposible posible. Teniendo esto
claro, todos tenemos una medida de fe y claro que puedes creer por grandes
cosas para ti y los tuyos, guiada siempre por el Espíritu Santo.
Una vez en
Cristo, todo lo alcanzado en fe, sea espiritual, salvación, dones, obras,
promesas, propósitos, sanidades, milagros, restauración, bendiciones
personales, plenitud, familiares, materiales, monetarias, empresariales,
siempre va a ser para dar testimonio y honor al Todopoderoso Dios.
Efesios 2:8:
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios".
La Biblia nombra
a muchos héroes de la fe; pero en este tiempo, Dios quiere que hombres y
mujeres dejen una poderosa huella y sean ejemplo de fe para todos aquellos que
los rodean y que sean recordados en el cielo y en la tierra por creerle a Dios
y vivir caminando en lo invisible para llegar a las visibles promesas del
Señor. Amén.