Se me hace tan reveladora e interesante leer esta historia de sanidad hecha por
el mismo Jesús, y cómo señalan a unos "hombres", no dice si eran
amigos, hermanos, conocidos, o simplemente eran personas que andaban entre la
multitud y, al ver la necesidad y la incapacidad de este paralítico de poder
llegar a los pies de Jesús para encontrar su milagro de sanidad, estos actúan
en fe y, arriesgándolo todo, pusieron frente a los ojos de Jesús al paralítico
para sacar de él su gran milagro.
Fue tanta su fe, que llamó la atención de Jesús, quien se detuvo para
entregarles a estos hombres la dicha de ver a su compañero levantarse de ese
lugar. Tomemos en cuenta que a Jesús le impresionó la fe de los
"hombres" no habla de la fe del paralítico en sí.
Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados
quedan perdonados". Hay que prestarle mucha atención a esto:
"Tus pecados quedan perdonados". No le dijo:
"Eres sano", ¿por qué?, si estaba enfermo, paralizado. Le dijo:
"Estás perdonado". Aquí el Señor nos deja ver cómo
el pecado y la falta de su perdón pueden hacer y actuar en contra de nosotros
terriblemente. El pecado puede mantenernos paralizados, inútiles de por vida en
diversas áreas. Hoy, hay tanta gente enferma a causa del pecado, por causa
de no perdonar a otros. Transgredir la ley de Dios trae en sí castigo, no para
el vecino, sino para uno mismo, y hasta para nuestra descendencia. El mal, que
por naturaleza vive en la humanidad, los mantiene atados, esclavizados,
encadenados al mal; mental, espiritual, emocionalmente, y esto se
manifiesta en el cuerpo.
Venir a buscar a Cristo hace la gran diferencia; su presencia, su perdón es la
medicina que nos libra de dolores y de muchas enfermedades, de la falta de paz
y la frustración que han llegado a nosotras por la naturaleza pecaminosa que
tenemos de hacer y tratar de esconder nuestros errores culpando a otros. Cuando
somos perdonados, instantáneamente empezamos a sanar, a vivir y a experimentar
la sanidad divina desde el espíritu, siendo renovados, redimidos y purificados
por la sangre preciosa de Cristo Jesús. Así mismo, el perdón puede
traer sanidad en el cuerpo.
Él se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de
todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios". Yo
puedo dar testimonio de esto; llegué a los pies de Cristo con tantos temores,
tan cargada, cansada y enferma. Llena de rabia, sentía que la vida me había
tratado a las patadas. Estaba llena de rencor, de tristeza, de amargura; tenía
tantos problemas internos y con ellos muchas enfermedades. Era esclava del
dolor, de las pastillas y de la autocompasión. Todos los días luchaba por
sobrevivir.
Cuando, por fin, decidí acercarme a Jesucristo, le pedí que entrara a mi
corazón; y unos 2 meses después, me di cuenta de que ya no tenía varias
enfermedades. No sabía por qué; en aquel momento parecía extraño, se me habían
quitado solitas y no podía explicarlo, pero ya no estaban en mí.
La historia del paralítico de
Bethesda me muestra claramente que cuando Jesús entró a mi vida y perdonó mis
pecados, me hizo libre de muchas enfermedades y entes demoníacos que moraban en
mí, esclavizándome y paralizándome en cuerpo, alma y mente.
Hoy, puedo ver tantas mujeres enfermas, tristes, llenas de dolor, sin paz,
amargadas, solitarias, depresivas, confundidas, inseguras; y creo que tan
solo con aceptar el amor y la salvación de su creador quedarían sanas de muchas
aflicciones del espíritu y del alma. Entendiendo que hay sanidades que ameritan
de procesos de restauración y de un trato espiritual con el Espíritu Santo para
una sanidad interior.
Los hospitales están llenos de gente
enferma a causa del pecado, enfermos espirituales por falta de perdón, y buscan
una medicina física, pero su dolor está alojado en el alma y allí solo Jesús
puede llegar y sanar. Entiende que los medicamentos pueden anestesiar los
dolores del cuerpo, pero no quitan los dolores de un trauma, un abuso, una
ofensa o de un pasado doloroso.
Cuando te llenas
de valentía y decides creerle a Dios y pones tu vida en sus manos, te
va a pasar lo mismo que a este hombre: ¡Serás sana! Y te levantarás y
actuarás en fe... "Él se levantó, tomó su camilla en seguida
y salió caminando a la vista de todos..." Jesús levanta tu
espíritu afligido, mujer, y te da nuevas fuerzas y saldrás caminando con la
frente en alto a la vista de todos, para ser testigo en el mundo del poder
sanador del Señor Jesucristo. Nosotras nos convertimos en testigos
de la veracidad de la palabra de Dios; esta se manifiesta en nuestra vida
entera, en nuestros cuerpos, en nuestra familia, en nuestro entorno, en cada
actividad, en nuestras metas, en los cambios positivos, en el plan perfecto de
Dios para cada una. Lo que creemos derrota a Dios, puede transformarlo en una
victoria.
Quizás la fe de otro obre a nuestro favor, quizás Dios vea la fe
persistente de una madre, una esposa, una hija, una amiga o de un conocido para
hacer y traer un milagro a tu vida, a tu matrimonio, a tu familia. El Señor
desea que todos vengamos a él llenos de fe, creyendo que él es capaz
de concedernos nuestras peticiones. Dile hoy a Jesucristo: "Entra a
mi corazón y perdona mis pecados. Te entrego mi vida". Recibe sanidad en el nombre de Jesús.
