En este pasaje tan revelador y lleno de esperanza, en donde
se nos relata la resurrección de Jesús, podemos leer cómo algunas mujeres
fueron a visitarle y a llevar especies aromáticas a la tumba, sin imaginar la
gran sorpresa que encontrarían: la piedra de la entrada estaba removida, un
cuerpo que había desaparecido y dos ángeles que les recordaban a las mujeres lo
que Jesús antes les había dicho. "Seré crucificado, pero resucitaré al
tercer día".
Y es emocionante saber que Dios le dio este privilegio a las
mujeres; en los 4 evangelios se da testimonio de que fueron las mujeres las que
se encontraron con esta gran sorpresa y fueron ellas las que fueron a darle la
buena y sorprendente noticia a los discípulos de Jesús.
Los ángeles les hacen una pregunta contundente a las mujeres:
"¿Por qué buscan entre los muertos a alguien que está vivo?" Y es que
los vivos están con los vivos. Pero ciertamente hoy en día muchas personas
buscan, adoran y cargan a Jesús en sus corazones y en sus vidas, ¡muerto!, y es
un Jesús que no se comunica, no les ayuda, no guía, no restaura, no liberta, no
les sana y no los salva, tampoco los cambia; está crucificado dentro de ellos,
y no logran ver su vida con vida.
Pero querida amiga; nuestro Jesús ¡Esta vivo!, ¡Jesús
resucitó!, salió del mundo de los muertos, no había pecado en él y la muerte no
lo pudo retener. La muerte es el pecado en nosotros, es por ellos que todos
debemos venir a Jesús para que él justifique nuestros pecados delante del Padre.
Fue por causa de nuestra maldad que Jesús se entregó por cada uno de nosotros,
pagando la deuda que a cada uno nos tocaba pagar ante Dios.
Jesús fue el sacrificio perfecto para darnos a nosotros una
oportunidad preciosa de ser salvos, él es el mediador entre Dios y los seres
humanos, tan solo tenemos que ser conscientes de nuestro pecado y entregarle
nuestra vida a Jesucristo el Hijo de Dios, para nosotros también vivir en él y
con él. Jesucristo vive porque él un día resucitó, y esa es nuestra oportunidad
para que él viva dentro de nuestro corazón.
"¡Él no está
aquí! ¡Ha resucitado!" Jesucristo, luego de resucitar, se les apareció a
los apóstoles y les habló del Reino de Dios, y fue visto por mucha gente y obró
muchos milagros, hasta que descendió y fue recibido arriba en el cielo y está
sentado a la derecha del Padre Celestial. Él ya no está en el sepulcro y
tampoco está en la tierra; él dejó con nosotros al Consolador para que nos
diera convencimiento de pecado, nos guiara, limpiara, sellara y preparara a su
iglesia para las bodas del Cordero.
Hechos 1:3: A quienes también, después de haber padecido, se presentó
vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y
hablándoles del reino de Dios.
"El Hijo del Hombre debía ser traicionado y entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado," Nada de esto pasó por error, nadie podía impedirlo, porque esto era un plan de Dios desde la caída de Adán, el primer hombre. Por causa del pecado, Dios prometió un Salvador para la humanidad, así que Jesús nació para ser crucificado y para ser una puerta de salvación a los seres humanos. Es por eso que Jesús es llamado el segundo Adán.
Juan 18:10: Nadie puede quitarme la vida, sino que yo la entrego
voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando
quiera y también para volver a tomarla. Esto ordenó mi Padre.
Juan 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo les he dicho”.
Todos somos pecadores y todos estamos destituidos de la
gloria de Dios; no hay justo, ni aun uno; así que no hay excusa para creer que
Jesús vino a salvar a unos cuantos; vino por todos, no hay mujer u hombre bueno
que no lo necesite. El sacrificio de Jesús y su sangre derramada es necesario
que sean aceptados en cada corazón para salvación de su alma y postrera vida
eterna.
Haz esta oración de entrega para salvación:
Señor Jesús, gracias por sacrificarte en mi lugar. Gracias
por pagar mi deuda y darme una esperanza para vivir aquí y en la eternidad. Hoy
decido recibir a Jesucristo como mi Salvador personal y mi Señor, me arrepiento
de todos mis pecados y te pido perdón; entra a mi corazón y hazme una nueva
criatura; le pido a tu Santo Espíritu que me guíe a ti. En el nombre de Jesús.
¡Amén!

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