Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Prov. 4:23
Lo primero que vamos a tomar en
cuenta a la hora de tratar con nuestro corazón es ver lo que dice Dios, leyendo
los versículos bíblicos que hablan del corazón del ser humano, porque ellos
serán claves para saber cómo debemos orar o accionar.
Ahora, es sumamente importante que
sepamos que para la Biblia el corazón y la mente no son dos cosas separadas,
sino que están estrechamente relacionadas. En algunos versículos bíblicos,
según el diccionario Strong, "corazón" se traduce como "mente"
y viceversa; son conceptos equivalentes en el lenguaje bíblico original. En el
Nuevo Testamento, "kardia", que se traduce como corazón, no solo es
el órgano físico, sino que abarca pensamientos, intelecto, voluntad, decisiones,
sentimientos y emociones. Lo que quiere decir que nuestro corazón es el todo de
mí, de quien soy como persona. Hasta este punto debemos entender que hay un
gran trabajo que hacer, pero tenemos muy buenas noticias de ayuda.
Lo primero es saber que Dios promete
darte un espíritu nuevo y un corazón nuevo. Lo segundo es que tenemos la ayuda
del Espíritu Santo, porque será por medio de él que todo podrá ser cambiado,
limpiado y transformado; y lo tercero es que tenemos herramientas muy
poderosas: la palabra de Dios, la oración, el arrepentimiento, el ayuno, la fe
y la convicción de que si podemos tener un corazón limpio y nuevo.
Aunque hay muchos más, veamos estos 5 versículos bíblicos
que nos ayudarán a saber en que trabajar en este proceso de limpieza de corazón:
- Porque del corazón salen los malos
pensamientos. Mateo 15:19. En nuestro corazón albergan todos nuestros deseos
egoístas. El odio, la ira, el enojo, la amargura, el rencor, el orgullo, los
adulterios, las blasfemias, etc. Relación corazón-pensamientos; lo que domina tus pensamientos domina tu corazón. Decisiones correctas, control y sanidad de las emociones. Cuando venimos
a Cristo, le entregamos nuestro corazón y nuestra vida entera para que sean
purificados y limpiados con la Sangre de Cristo de todo pecado, iniquidad, rebeldia, transgresión, maldiciones, etc. Nuestra participación está
principalmente en entregarnos y rendirnos de verdad al Espíritu, confesar los pecados, perdonar así se me haga difícil, arrepentirme del mal que hecho, desnudar las aflicciones emocionales de mi alma delante de Dios, sacar las prácticas que sé que no son del agrado del Señor y abrir mi espíritu para recibir del Espíritu redención, limpieza y perdón.
- Bienaventurados los de limpio
corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8: Todos venimos a
Cristo Jesús con un corazón contaminado, pero si ponemos nuestro corazón en las manos del Espíritu Santo él lo purificará espiritualmente y naturalmente a través de la palabra y la obra de Jesús. La expresión "bienaventurado" significa: Dichoso, feliz, afortunado; esto nos ayuda a entender que una
persona de corazón libre, que es íntegra, sin malos motivos, limpia de corazón, ha sido procesada y es apta para vivir esta promesa y podrá permanecer en la presencia de Dios aquí
en la tierra y luego ver a Dios en la eternidad. ¿Cómo podemos ser bienaventuradas? Renunciando y dejando ir a la vieja mujer que está viciada y esclavizada al pecado y recibiendo mi nueva vida, imitando el carácter de Cristo, no una nueva religión. Renovando nuestra mente, restaurando mi identidad, ahora soy hija de Dios, creyendo en sus promesas y dejándome limpiar por el poder de su palabra y de su Espíritu que ahora habita en mí.
- Engañoso es el corazón más que todas
las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Jeremías 17:9: Solo Dios conoce nuestro
corazón tal cual es, lo bueno, lo malo y lo horrible. Nuestro corazón puede
estar lleno de orgullo, soberbia, rebeldía, idolatría y nosotros no lo notamos.
Tenemos que decidir si confiar en los hombres, en mi propio juicio o en Dios. A
veces podemos estar ciegas y no ver la corrupción espiritual que llevamos
dentro. Es muy fácil ver el mal y el pecado en el vecino, en los padres, en el
cónyuge, en los hijos, en el pastor y en los hermanos, pero no en nosotras
mismas. Nuestro ojo altívo, oscuro y egoísta puede engañarnos y hacernos caer en lo perverso. El
mundo te aconseja que sigas tu corazón; Dios te aconseja que no te fíes de él,
sino que confíes en la guía de tu Padre. Todos podemos equivocarnos y dejarnos
llevar por las emociones, gustos o deseos, pero Dios, por medio del Espíritu
Santo, siempre te guiará a tomar decisiones correctas con valores eternos. Leete los libros de eclesiastés, salmos y proverbios y estos te ayudarán a obtener sabiduria práctica.
- Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10. Este versículo me
puede dar una idea de que todo es responsabilidad de Dios, pero el deseo
principal debe salir de mí. El Salmo 51 es una súplica del Rey David después de
reconocer ante Dios sus pecados de mentira, codicia, malos deseos, adulterio y asesinato. Él reconocía que no
podía arreglarse a sí mismo, pero suplicaba y disponía su vida para que Dios lo
perdonara, lo limpiara y le diera un corazón limpio y puro. Sus deseos y sus
decisiones habían sido un desastre, pero él reconocía que si Dios renovaba su
corazón, sus decisiones cambiarían y tendría una vida recta ante él. Dios puede
crear y transformar un corazón, pero nosotras debemos disponer el deseo, reconocer nuestro mal y arrepentirnos, y tener la
voluntad para dejarse limpiar, enseñar y aprender vivir dignamente cada día delante de su presencia. Practica la confesión diaria, hazte responsable de tus errores, analiza las causas, la raiz y confiésalas y déjate guiar por Dios.
Todos debemos confesar nuestros
pecados, arrepentirnos genuinamente, dejarnos libertar de lo espiritual y natural por el Espíritu Santo.
Soltar la vida pasada y dejar atrás todo lo que no me edifica. Quitarme el traje de víctima y ponerme el traje de valiente. Tenemos orar y leer
las escrituras, meditar en la verdad de Dios para lograr crecer y madurar, manteniendonos firmes ante las circunstancias, tentaciones, ataques espirituales, procesos y pruebas de la vida.
Jesús de Nazaret es el único que
puede cambiar, purificar y sanar los corazones; es necesario examinar nuestra vida a la
luz de las escrituras y de la mano del Espíritu Santo. Es horrorosa la cantidad
de contenido, comentarios y opiniones que hacen las personas y que a simple vista se puede ver la contaminación de odio,
envidia, soberbia, rebeldía, ira, altivez, crítica, contienda, chisme, etc. Y yo sé que de
seguro muchos dicen amar a Dios, pero su corazón esta contaminado. La limpieza más grande del
corazón solo la puede hacer Jesús por el Espíritu Santo. Créeme que a él no lo podemos engañar, pero él
trabaja en nosotras solo si estamos dispuestas a rendirnos y a reconocer con
toda sinceridad que tenemos el corazón contaminado.
- Os daré un corazón nuevo, y pondré
espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de
piedra, y les daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26-28. Yo tenía un corazón de piedra lleno de rencor, odio, ira, enojo, amargura; mis pensamientos eran desastrosos
y aberrantes, pero no se me hizo difícil reconocer delante de Dios la maldad y
la enfermedad que albergaba mi corazón. Me he dado un tiempo que ha durado años
para tener y mantener un corazón limpio. El pasado y los demonios a veces
quieren venir a dañarme, pero perdieron legalidad en mí porque ya perdoné y
renuncié a todo acuerdo de pecado con Satanás. El pasado es solo un testimonio.
El Espíritu Santo me ayudó a sacar el rencor y la ira para sanar mi corazón. Esta promesa
yo la reclamaba con lágrimas, "Señor: Necesito un corazon nuevo y un espíritu nuevo por favor", pero no dejando de confesar mis pecados, arrepintiéndome y
sacando todo lo que yo sabía que estaba mal dentro de mí.
Un día tuve un sueño y me veía
acostada en una camilla con una cicatriz fresca en el pecho y otra que iba
desde mi cabeza hasta la punta de mis pies. Estaba llena de vendas y no me
podía mover porque tenía mucho dolor y, al despertar, le pregunté a Dios qué
era eso y me contestó por medio del Espíritu: "Ya te puse un corazón nuevo
y un espíritu nuevo". Eso fue impactante para mí, me llené de emoción,
pero aun así seguí tratando con las aflicciones de mi corazón y pidiéndole a
Dios cada día que lo purificara y limpiara. El sueño solo fue un medio para hablarme y decirme lo que había hecho. Él había contestado mi oración.
Hoy me toca mantenerme
firme y seguir orando y haciendo guerra espiritual por el bienestar de mi
corazón. El corazón y la mente hoy en día con tantas pantallas puede contaminarse en segundos, porque Satanás constantemente busca la manera de infectarnos, pero nosotras debemos cuidarnos y el Espíritu Santo nos guardará. Esto no se trata de creer que debes ser perfecta, sino
de saber que debes vivir humillada, protegiéndote y buscando el rostro de Dios cada día. No podemos retroceder, no podemos desmayar, nosotras podemos vencer al enemigo y vencernos a nosotras mismas. En la Cruz Jesús hizo el
mayor trabajo y se entregó por mí y por ti, nos perdonó y nos redimió; ahora nosotras cada día
tenemos que entregarnos a él, mantenernos en comunión con su Espíritu, con su palabra y saber que por misericordia y amor, la Gracia
hará el resto.

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