Juan 14:16-17 "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros."
Este versículo es clave para el creyente, leemos que Jesús rogó al Padre y nos dejó otro igual a él para que viviera estuviera y morará en nosotros, ese es el precioso Espíritu Santo de Dios que está en todo aquel que a creído en Jesús como su Salvador y Señor.
Amado, ignorado, mal interpretado, erróneamente estudiado. Él es una persona, con emociones, decisiones, poder, amor, misericordia, paciencia, lealtad, lo es todo. El Espíritu es nuestro Consolador, ayudador y morador permanente; nosotros debemos anhelarlo, buscarlo y cuidar su presencia diariamente. Pero para conocerle satisfactoriamente vamos a tomar en cuenta estos 4 puntos:
Reconocimiento y entrega consciente: Debemos reconocer la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas y rendirnos a su guía, eso implica humildad, voluntad y muerte, para dejar que sea Él quien dirija tu vida en todo momento.
Para eso es necesaria la oración de entrega, la oración que da apertura y disposición del corazón y la entrega de las decisiones y la voluntad. Todos debemos confesarnos ante él y disponer y reconocer todas esas áreas difíciles y luchas que tenemos para que Él las liberte, purifique y nos guíe.
Oración y silencio para escuchar: No es solo hablar en forma de dialogo es también saber hacer espacio y silencio para oír lo que él quiere decirnos. También saber esperar e interpretar sus palabras o señales porque el Espíritu suele responder en paz, convicción, impresiones interiores, con la palabra, con una adoración, una prédica o enseñanza, un sueño etc.
Por eso es necesario reservar tiempo diario de oración y lectura de la Biblia evitando distracciones, y tomando nota de lo que sientes o piensas durante esos momentos de comunión.
Estudio de la Palabra y obediencia: La Biblia es el principal manual y medio por el cual el Espíritu confirma, corrige y enseña. Tenemos que aprender a obedecer lo que Dios nos revela porque eso produce muerte al yo, liberación y crecimiento espiritual.
En este caso es necesario leer la Biblia regularmente, meditar en pasajes relevantes y actuar según las convicciones y cambios que vayan surgiendo.
Fruto y servicio en comunidad: El Espíritu cuando mora en una persona se manifiesta en cambios y frutos (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, dominio propio, fe, bondad) También en dones sobrenaturales que sirven para enseñar, predicar, edificar y ministrar a otros. Una relación madura con el Espíritu se evidencia en una vida y en un carácter transformado y en el deseo de servir a otros.
Evalúa tu vida por los frutos que produces, participa en la comunidad de fe y usa tus dones sin miedo para ayudar y animar a otros.
El Espíritu Santo no es un poder o un fuego, es una persona, recuerda estar atenta a él y darle el tiempo, el amor y el cuidado que solo él se merece, sin él no somos nada y jamás podríamos lograr nada para el Reino que sea de gran estima para nuestro Señor Jesucristo y para nuestro Padre Celestial. Todos necesitamos conocer y tener una relación personal con la persona del Espíritu Santo, somos su templo, él nos selló y es nuestra promesa. Anhelalo con todo tu amor.