Mateo 7:3-5 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
La palabra de Dios nos confronta y
nos da donde más nos duele. Por eso hay gente que prefiere verlo como un
libro histórico, para así no tener que ser confrontado, pero eso de nada vale;
aun así, cada palabra que salió de la boca de Jesús va directo a donde él
quiere, y hacen lo suyo.
Y reflexionando, este es el pan de
cada día: vivimos criticando y juzgando al que tenemos al lado, sea
conocido o no. A papá, mamá, hermanos, vecinos, esposos, amigos, artistas,
políticos, a reymundo y a todo el mundo. La prensa y la televisión hoy en
día son un gran promotor de aprendizaje para estar más al pendiente de la vida
de los demás que de la vida propia.
Gran ejemplo de ello es el
seguimiento o persecución que se les hace a los personajes públicos como
políticos, deportistas, artistas, influencers, todo esto con el fin de opinar,
criticar y, en la mayoría de los casos, hasta destruirlos y ofenderlos a
ellos y a quien se atraviese de su familia, degradarlos hasta lo más
bajo, expresando a juicio y ojo propio lo que creemos que debió
decidir, hacer o vivir.
Porque con el juicio con que juzgáis,
seréis juzgados, y con la medida con que medís, os seréis medido. Mateo 7:2
Somos expertos juzgando y criticando
a otros, aun cuando nuestra vida sea un desastre peor. ¿Pero estás tú preparada
para ser medida con la misma vara con que mides a otro? Seguro que no.
Pero quiero decirte algo que ya tú sabes: todos tenemos defectos y fallas,
todos nos equivocamos, y puedes hasta tener fallas más graves y grandes que
aquel que estamos criticando; así que mírate al espejo, ¿ya miraste la viga que
tienes metida en el ojo tuyo? Es fácil ver la pajita en el ojo ajeno, y quizás
nadie vea tu viga, pero Jesús hoy te dice: "¡Hipócrita! Saca
primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del
ojo de tu hermano"...
Y podemos juzgar: por envidia, por
Frustración, dureza de corazón, irrespeto a los demás por maldad, falta de amor
al prójimo, falta de temor a Dios; nos creemos perfectas, un alma enferma,
espíritus inmundos, por falta de una relación personal con Dios. Cero empatías,
cero comprensión, falta de propósito en la vida.
Tenemos que arrepentirnos, aun la iglesia, de este flagelo del diablo que lo
único que hace es dividir y mantener nuestra alma y nuestra lengua
contaminadas. Dios es perfecto y solo él tiene pleno derecho y
autoridad de juzgar a la humanidad; sin embargo, el Señor en su
misericordia es paciente con nosotros y nos corrige con amor, porque solo Dios
sabe de dónde salen nuestras luchas.
Nadie en este planeta es mejor que
nadie, no importa la clase social; todos tenemos problemas, a todos nos
corre sangre por las venas, hay pecado y maldad en nuestro
corazón, juzgamos a otros y los despedazamos; pero ¿y nosotras? ¿Quién soy
yo para hablar mal de otra/o? Cuando escuchamos que Dios dice en su palabra que
nos va a juzgar a todos por nuestras malas obras y acciones.
Dejemos de ser prepotentes,
orgullosas, egocéntricas; la vida no gira alrededor de nosotras y no somos
perfectas, ni las más santas. Juan 8: “El que esté libre de pecado, que
tire la primera piedra”. Jesucristo vino a este mundo no a dar
puras palabritas bonitas (aunque las tiene); vino a decirnos "Todos son
pecadores". Él vino a ser un camino para ser justificados ante Dios Padre;
quiere restaurarnos, transformarnos. Jesucristo no fue un filósofo; es por eso
que sus palabras remueven y renuevan el alma.
La palabra de Dios es palabra
viva. 2 Timoteo 3:16 dice: “Toda la escritura es inspirada por
Dios, y útil para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Con
ella retrocedes del pecado y haces cambios.
Pidamos todas perdón al Señor por este pecado tan grave como lo es el
juicio, porque esto nos separa de Dios, destruye relaciones, trae
desobediencia, nos hace mentirosas y también nos hace usurpar el lugar de
Dios. Tengamos una relación de vida con Cristo para que él, por
medio de su Santo Espíritu, nos liberte y nos ayude en nuestras debilidades;
vivamos pendientes de Jesucristo y no de la vida ajena, porque Cristo viene
pronto.
Criticar es fácil, cambiar es de valientes y de sabios; eso es lo que le agrada
a Dios.
Mateo 7:1 "No juzguéis, para que no seáis juzgados".