La mayoría de los seres
humanos alguna vez en la vida han sentido envidia. La psicología dice que es
una emoción inconsciente que surge de la comparación y desear aquello de lo que
carecemos.
El bien ajeno, la
supuesta suerte, la belleza, el dinero, la posición social, las profesiones,
los bienes materiales, un excelente esposo o esposa, un lindo hogar, una
carrera exitosa atraen la envidia de las personas.
Ahora, las mujeres más
que los hombres tienden a sufrir mucho de este mal, que es angustiante,
doloroso y que desea el bien que las demás poseen. La envidia hace sufrir,
enferma y hasta puede acabar con la vida de quien la padece.
La Biblia, dice que la
envidia es una obra de la carne y que produce esclavitud. Querer tener lo que
otro tiene; destruye y desvía el propósito para el cual nacimos. Se dice que puede
ser un sentimiento o un estado mental, pero la palabra de Dios nos aclara que
es un pecado que sale del corazón de los seres humanos.
El mundo le llama pecado
capital, porque rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús. Otros por allí
dicen: "Me dio envidia de la buena". ¡Falso! La envidia siempre es
algo malo.
La envidia atrae otros
pecados como la rabia, ira, celos, división, enemistad. También produce estrés,
tristeza, decaimiento, sufrimiento, culpa, angustia y quita el sueño. No se
trata de algo muy normal como muchos lo quieren hacer ver; es un problema muy
serio que, cuando se aloja en una vida, es bien complicado de sacar por
iniciativa propia.
"… El amor es
sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se
envanece..." 1 Corintios 13:4
Querida amiga, si sufres
de este mal, reconócelo, no lo ocultes ni lo sigas alimentando, permitiendo que
te haga daño y te cause otros problemas en tu vida, robándote tu tranquilidad.
Aprende a alegrarte por el bien que tu posees y a admirar el bien de las demás
personas. Aprende a superarte, sal adelante y no te enfoques en las bendiciones
de los demás, ni el mundo ni en las personas; enfócate en Dios y Él te ayudará
a salir adelante y te dará todo y hasta más de lo que necesitas.
Renuncia a la envidia, pídele perdón a Dios, y reconoce a Jesús como tu redentor y salvador personal, él limpiará tu corazón y te enseñará a amar a tu prójimo y a alegrarte por la prosperidad de otros. Siendo hija de Dios, el mal que te hacía sufrir y te asechaba se irá de tu vida. Solo Dios puede darte plena libertad y alegría para adorar a tu Señor y aprender a vivir limpia de pecado. No es lo que los demás tienen, sino lo que llevan dentro lo que realmente vale. Hay grandes bendiciones que solo Dios te puede brindar, eres privilegiada, eres hija, en él todo lo tienes. Tu Padre Celestial te quita las carencias y te puede llenar de abundancias espirituales y materiales. Nunca olvides que desde el momento que le entregas tu corazón a Cristo: “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece”.
Oremos:
Señor Jesús, te entrego
mi vida, limpia mi corazón. Renuncio a la envidia, ayúdame y perdóname. Quita
el mal que hay en mi alma, límpiame y enséñame todas tus maravillas, tu
abundancia y tu amor. Quiero vivir en paz. En nombre del Señor Jesucristo.
¡Amén!
