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miércoles, 23 de octubre de 2013

LA ENVIDIA UNA OBRA DE LA CARNE QUE DESTRUYE

"El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos" Proverbios 14:30 

La mayoría de los seres humanos alguna vez en la vida han sentido envidia. La psicología dice que es una emoción inconsciente que surge de la comparación y desear aquello de lo que carecemos.

El bien ajeno, la supuesta suerte, la belleza, el dinero, la posición social, las profesiones, los bienes materiales, un excelente esposo o esposa, un lindo hogar, una carrera exitosa atraen la envidia de las personas.

Ahora, las mujeres más que los hombres tienden a sufrir mucho de este mal, que es angustiante, doloroso y que desea el bien que las demás poseen. La envidia hace sufrir, enferma y hasta puede acabar con la vida de quien la padece.

La Biblia, dice que la envidia es una obra de la carne y que produce esclavitud. Querer tener lo que otro tiene; destruye y desvía el propósito para el cual nacimos. Se dice que puede ser un sentimiento o un estado mental, pero la palabra de Dios nos aclara que es un pecado que sale del corazón de los seres humanos.

El mundo le llama pecado capital, porque rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús. Otros por allí dicen: "Me dio envidia de la buena". ¡Falso! La envidia siempre es algo malo.

La envidia atrae otros pecados como la rabia, ira, celos, división, enemistad. También produce estrés, tristeza, decaimiento, sufrimiento, culpa, angustia y quita el sueño. No se trata de algo muy normal como muchos lo quieren hacer ver; es un problema muy serio que, cuando se aloja en una vida, es bien complicado de sacar por iniciativa propia. 

"… El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece..."  1 Corintios 13:4  

Querida amiga, si sufres de este mal, reconócelo, no lo ocultes ni lo sigas alimentando, permitiendo que te haga daño y te cause otros problemas en tu vida, robándote tu tranquilidad. Aprende a alegrarte por el bien que tu posees y a admirar el bien de las demás personas. Aprende a superarte, sal adelante y no te enfoques en las bendiciones de los demás, ni el mundo ni en las personas; enfócate en Dios y Él te ayudará a salir adelante y te dará todo y hasta más de lo que necesitas.

Renuncia a la envidia, pídele perdón a Dios, y reconoce a Jesús como tu redentor y salvador personal, él limpiará tu corazón y te enseñará a amar a tu prójimo y a alegrarte por la prosperidad de otros. Siendo hija de Dios, el mal que te hacía sufrir y te asechaba se irá de tu vida. Solo Dios puede darte plena libertad y alegría para adorar a tu Señor y aprender a vivir limpia de pecado. No es lo que los demás tienen, sino lo que llevan dentro lo que realmente vale. Hay grandes bendiciones que solo Dios te puede brindar, eres privilegiada, eres hija, en él todo lo tienes. Tu Padre Celestial te quita las carencias y te puede llenar de abundancias espirituales y materiales. Nunca olvides que desde el momento que le entregas tu corazón a Cristo: “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece”. 

Oremos:

Señor Jesús, te entrego mi vida, limpia mi corazón. Renuncio a la envidia, ayúdame y perdóname. Quita el mal que hay en mi alma, límpiame y enséñame todas tus maravillas, tu abundancia y tu amor. Quiero vivir en paz. En nombre del Señor Jesucristo. ¡Amén!