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miércoles, 13 de marzo de 2024

A LOS QUE AMAN A DIOS TODO LE AYUDA A BIEN

 


Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Hay que empezar por decir, que Dios es maravilloso y seguirle y poner nuestras vidas a sus pies es un privilegio. Jesús, el Hijo de Dios, nos muestra cómo él se sometió a la voluntad de su Padre y cumplió su plan, a pesar de lo difícil y doloroso que era, solo porque le amaba. 

Amar a nuestro Dios marca un precio a pagar; obedecer su palabra es renunciar a nosotros mismos y rendirnos a su verdad en obediencia. La Biblia nos muestra que los personajes bíblicos que decidieron seguir la creencia de un Dios único, creador y todopoderoso,

 que enviaría a un Mesías salvador, un Dios que deseaba tener una relación personal con ellos y que ellos se rindieran a él y lo amaran como a un padre, ese Dios era el mismo que los estaba esperando, para revelarles el plan que tenía con ellos e indicarles lo que tenían que hacer, haciéndoles saber que eran escogidos y que él tenía un propósito para cada uno de ellos, así como lo tiene hoy, con cada una de nosotras.

Cuando llegamos a la vida cristiana, pensamos que todo es fácil; quizás pensemos en el retiro y en tirarnos en un sillón para dejar pasar la vida, pero eso está bien lejos de la realidad; la verdad es otra. Jesucristo nos advierte que en este mundo tendremos aflicciones; hay batallas que pelear, pero debemos confiar en él, porque Jesús ya venció todas las adversidades.

A ninguna palmera, cuando germina, Dios le advierte que en algunos momentos tendrá que soportar tormentas, tornados, huracanes, sequías, sol; aun así, en el día malo, ella resiste los vientos y nunca se rinde; ella sabe que en su tiempo dará frutos, porque esa es su hechura original, la que le permite resistir los tiempos malos, y así mismo sabe que luego vendrá la calma. Así mismo somos nosotras, estamos hechas para salir adelante en cada situación, somos seres pensantes e inteligentes; Dios nos dará la salida en cada prueba y confiar que, tomadas de su mano, saldremos en victoria.

Ten paz en medio de las pruebas, de los cambios, de los procesos; no te desanimes, reincorpórate cada día en fe, sabiendo que no estás sola. Recuerda que para el que ama a Dios todo, absolutamente todo, obrará, producirá, multiplicará para tu bien, según sea tu llamado y el propósito que el Señor designó para ti. Resiste firme en sus promesas, declara su palabra y persevera en el proceso, que en Dios nada es un desperdicio; tu testimonio dará buenos frutos de la veracidad, el cuidado, la bendición y el amor de Dios por ti. Recuerda, Dios no miente y, si lo hizo contigo, tú testificarás que también lo puede hacer con otras. Eres más que vencedora en Cristo Jesús.

Ora: Dios Todopoderoso, te amo, y te creo. Tú me sustentas y me cuidas y creo que estás conmigo en cada proceso y en cada prueba. Confío en que mi amor y tu amor hacen un vínculo de confianza y fidelidad que hace que me acerque cada vez más a ti, y que el proceso aporte sabiduría y conocimiento para el propósito para el cual tú me has llamado. Renuncio a toda mentira del diablo y recibo tu verdad y tus promesas; me fortalezco en tu Santo Espíritu. No temeré, entendiendo que todo me ayuda para mi bien.

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viernes, 9 de octubre de 2015

JESUCRISTO DIJO: YO SOY EL CAMINO

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí". Juan 14:6

Desde que nacemos hasta que morimos, vivimos decidiendo por dónde andar en la vida; en esta oportunidad vamos a analizar por qué o cuál es el camino por el que estamos llevando nuestra vida.

En algún momento y por infinidad de razones, debemos tomar la decisión de seguir o de dejar caminos. ¿Has escuchado la frase?: "Fulanito va por mal camino". Lo que quiere decir que hay caminos de bendición y caminos de perdición; eso en lo natural, pero así mismo en lo espiritual, hay caminos que nos pueden llevar al cielo, pero otros que en cuestión de segundos nos pueden llevar al mismo infierno.

Es de humanos equivocarnos, pero lo mejor es que hay un camino espiritual que debemos seguir y Dios, atento a su creación, le dejó directrices a la humanidad de cómo pueden llegar hasta ese camino seguro. Quizás tú te estés preguntando: ¿Cómo puedo saber cuál es el camino correcto que me conecta con Dios?

 Esa pregunta llega cuando, te sientes perdida o no tienes paz espiritual. En Juan 14:5-6 dice: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí".

La palabra de Dios es el manual del fabricante; y el que nos creó en una revelación de gran magnitud nos hace saber que "Jesús" es "el camino" para llegar hasta él. Ahora, ¿cómo un hombre puede ser identificado como un camino?

En la actualidad y para mal de la humanidad, hay cientos de caminos señalados por el hombre para llegar al cielo y llegar a Dios. Caminos, deidades, hombres, doctrinas, rituales, religiones que nos prometen ser el camino. También hay cientos de caminos que te llevan a la maldad. Y entre tantos caminos, confusión y tantas enseñanzas, cada uno cree seguir el camino correcto u otros siguen el camino que les conviene. Si hiciéramos una suma de cuántos caminos se han diseñado por el hombre para llegar a Dios, no podríamos parar de contarlos. Así mismo, nos decepcionarían por sus grandes fallas. Dios nos dejó "El Camino" ¡Listo! Y esta señalado en una persona y es la persona de Jesús.

"Jesús dijo: Yo soy el camino..." ¿El camino a qué? Al Padre Celestial, al cielo, a la eternidad. Jesús es el único puente a la reconciliación con Dios.

 Jesucristo no es "un" camino", él es "EL" camino que debe seguir la humanidad. Solo por medio de él un día podremos encontrarnos en la presencia de la gloria de Dios y poder verle cara a cara. "Nadie" viene a Dios Padre, si no es por medio de Jesús. Romanos 6:23: "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".

El reloj de Dios parece estar llegando a la hora de cerrar las puertas para andar y recorrer el camino que nos lleva a su presencia. Dile: ¡Fuera el orgullo!, ¡fuera la soberbia!, ¡fuera las religiones! y que sean la fe genuina, la esperanza y el amor de Dios que cobijen tu corazón por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

Oremos: Padre Celestial, gracias por dejarnos el camino perfecto. Señor Jesús, te pido que entres a mi corazón y que perdones mis pecados. Te declaro mi único Señor y mi salvador. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.