Uno de los tantos atributos de nuestro amado Dios es que él es benigno. No hay mal en él. Para la Real Academia Española, su definición es: "Afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible". ¡Precioso es nuestro Dios!, quien se deja conocer por medio de las escrituras, dejándonos pistas no solo de su poder, sino también de su carácter apacible y delicado.
La benignidad es una
naturaleza que sale del corazón de Dios. En la medicina, describen a un tumor o
una enfermedad que no muestra un grave peligro, o que no es mortal para el
paciente.
Este es nuestro
Padre Celestial, un Dios que es bueno y compasivo, un Dios que día a día anhela
la alabanza y la honra de sus hijos, un Padre que desea que vengamos y le
adoremos en espíritu y en verdad y deseemos su compañía. Conocerle por medio de
su palabra, comunicarnos con él por medio de la oración, que confiemos en sus
promesas y en sus planes como hijos, como ovejas de su prado, en
agradecimiento, en amor, tomándolo en cuenta cada día en todas nuestras
decisiones y planes. Sabiendo que, tomados de su mano, estamos firmes,
cuidados, seguros y somos superbendecidos. Tenemos que confiar en que, si nos
dejamos guiar por él, todo nos saldrá bien; él es nuestro hacedor, conoce
nuestro plan de vida y sabe para qué nos creó y cuál es el propósito fructífero
que tiene para nuestras vidas.
Nuestro Padre
jamás desea vernos comportar como cabritas tercas y necias que se caen y
resbalan una y otra vez; que por desobediencia se mantienen en un voladero
porque se niegan a escuchar la voz de su Padre, quien jamás les hará daño ni
ningún mal, porque él es benigno.
Es lamentable
leer en algunos lugares, fuera de contexto, sobre la ira, la destrucción, el
castigo, el juicio y la venganza de Dios en contra de los seres humanos,
"su creación". Y esto me hace entender por qué muchas personas, aun
creyentes, le tienen miedo y terror a Dios. Yo era una de esas personas, porque
me habían enseñado religiosamente de un Dios malvado, perverso y castigador,
pero el Espíritu de Dios quitó ese terror de mí.
Jehová de los
ejércitos venció a Satanás y a sus demonios por su creación. Pero muchos creen
que Dios se alista a diario para acabar con la humanidad. Si Dios hubiese
querido hacer eso, nada se lo hubiese impedido. En los tiempos de Noé, era
tanta la maldad del hombre que Dios determinó acabar con él. Sin embargo, envió
la oportunidad de salvación con Noé, y ni uno le siguió; nadie le creyó que
venía un diluvio; después hizo pacto con Noé y su descendencia. Hoy muchos no
quieren creer que Cristo vino a salvarnos y que tendrá una segunda venida a la
tierra, pero esta vez ya como un Rey para buscar a los que por voluntad propia
se han entregado a él como su único Señor y Salvador.
Ahora deseo
aclarar que Dios sí tiene ira (la ira de Dios), pero es "...tardo para la
ira..." "Porque un momento será su ira..." "El día de la
ira..." Pero la ira de Dios no tiene nada que ver con la ira del hombre;
la ira de Dios es santa y actúa en justicia. La ira del hombre arremete contra
quien se le atraviese sin piedad y puede ser demoníaca. Si hay un juicio para
la humanidad, si existe la venganza de Jehová, no podemos manipularlo o hacer
con él lo que nos venga en gana, pero muchas veces esto se saca fuera de
contexto y se muestra a un Dios malvado e iracundo que vive para hacerle mal al
hombre y desea destruirlo y hacerlo sufrir. Veamos qué es: "un día"
"un momento", "es tardo" para la ira y no es su
característica principal.
Todos le podemos
fallar a Dios segundo a segundo. Pero gloria a su amor, que es eterno. Él es
amor, y envió a su Hijo, para salvación y perdón de pecados. Dios siempre
actuó, actúa y actuará benignamente y en justicia. La sangre de Jesucristo nos libra del día de
la ira de Dios para los tiempos finales. Salmos 103:8: "Compasivo y
clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia".
El sol sale para
buenos y malos, para justos e injustos. Dios no nos ha ocultado que hay una
guerra espiritual, una lucha de Satanás en contra del hombre y la creación de
Dios, y un fin; pero ya Jesucristo venció al enemigo de nuestras almas, por
ello nos conviene estar bajo la cobertura del Hijo de Dios, porque es él quien
nos justifica ante el Padre y quien nos defiende del enemigo y sus demonios.
Ya en sus manos,
nosotros podemos ser como él, tenemos los frutos del Espíritu y allí está la
benignidad. Gálatas 5:22-23: "Mas el fruto del Espíritu Santo es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio
propio..."
La naturaleza de
Dios es hacer el bien, ser benevolente, paciente y misericordioso con su
creación; su amor incondicional habla de su naturaleza benigna; no hay mal en
él. Efesios 4:32 "Antes pues sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en
Cristo".

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