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miércoles, 6 de abril de 2016

DIOS ES BENIGNO



Salmo 135:3 "Alabad a JAH, porque él es bueno; Cantad salmos a su nombre, porque él es benigno".

Uno de los tantos atributos de nuestro amado Dios es que él es benigno. No hay mal en él. Para la Real Academia Española, su definición es: "Afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible". ¡Precioso es nuestro Dios!, quien se deja conocer por medio de las escrituras, dejándonos pistas no solo de su poder, sino también de su carácter apacible y delicado. 

La benignidad es una naturaleza que sale del corazón de Dios. En la medicina, describen a un tumor o una enfermedad que no muestra un grave peligro, o que no es mortal para el paciente.

Este es nuestro Padre Celestial, un Dios que es bueno y compasivo, un Dios que día a día anhela la alabanza y la honra de sus hijos, un Padre que desea que vengamos y le adoremos en espíritu y en verdad y deseemos su compañía. Conocerle por medio de su palabra, comunicarnos con él por medio de la oración, que confiemos en sus promesas y en sus planes como hijos, como ovejas de su prado, en agradecimiento, en amor, tomándolo en cuenta cada día en todas nuestras decisiones y planes. Sabiendo que, tomados de su mano, estamos firmes, cuidados, seguros y somos superbendecidos. Tenemos que confiar en que, si nos dejamos guiar por él, todo nos saldrá bien; él es nuestro hacedor, conoce nuestro plan de vida y sabe para qué nos creó y cuál es el propósito fructífero que tiene para nuestras vidas.

Nuestro Padre jamás desea vernos comportar como cabritas tercas y necias que se caen y resbalan una y otra vez; que por desobediencia se mantienen en un voladero porque se niegan a escuchar la voz de su Padre, quien jamás les hará daño ni ningún mal, porque él es benigno.

Es lamentable leer en algunos lugares, fuera de contexto, sobre la ira, la destrucción, el castigo, el juicio y la venganza de Dios en contra de los seres humanos, "su creación". Y esto me hace entender por qué muchas personas, aun creyentes, le tienen miedo y terror a Dios. Yo era una de esas personas, porque me habían enseñado religiosamente de un Dios malvado, perverso y castigador, pero el Espíritu de Dios quitó ese terror de mí.

Jehová de los ejércitos venció a Satanás y a sus demonios por su creación. Pero muchos creen que Dios se alista a diario para acabar con la humanidad. Si Dios hubiese querido hacer eso, nada se lo hubiese impedido. En los tiempos de Noé, era tanta la maldad del hombre que Dios determinó acabar con él. Sin embargo, envió la oportunidad de salvación con Noé, y ni uno le siguió; nadie le creyó que venía un diluvio; después hizo pacto con Noé y su descendencia. Hoy muchos no quieren creer que Cristo vino a salvarnos y que tendrá una segunda venida a la tierra, pero esta vez ya como un Rey para buscar a los que por voluntad propia se han entregado a él como su único Señor y Salvador.

Ahora deseo aclarar que Dios sí tiene ira (la ira de Dios), pero es "...tardo para la ira..." "Porque un momento será su ira..." "El día de la ira..." Pero la ira de Dios no tiene nada que ver con la ira del hombre; la ira de Dios es santa y actúa en justicia. La ira del hombre arremete contra quien se le atraviese sin piedad y puede ser demoníaca. Si hay un juicio para la humanidad, si existe la venganza de Jehová, no podemos manipularlo o hacer con él lo que nos venga en gana, pero muchas veces esto se saca fuera de contexto y se muestra a un Dios malvado e iracundo que vive para hacerle mal al hombre y desea destruirlo y hacerlo sufrir. Veamos qué es: "un día" "un momento", "es tardo" para la ira y no es su característica principal.

Todos le podemos fallar a Dios segundo a segundo. Pero gloria a su amor, que es eterno. Él es amor, y envió a su Hijo, para salvación y perdón de pecados. Dios siempre actuó, actúa y actuará benignamente y en justicia.  La sangre de Jesucristo nos libra del día de la ira de Dios para los tiempos finales. Salmos 103:8: "Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia".

El sol sale para buenos y malos, para justos e injustos. Dios no nos ha ocultado que hay una guerra espiritual, una lucha de Satanás en contra del hombre y la creación de Dios, y un fin; pero ya Jesucristo venció al enemigo de nuestras almas, por ello nos conviene estar bajo la cobertura del Hijo de Dios, porque es él quien nos justifica ante el Padre y quien nos defiende del enemigo y sus demonios.

Ya en sus manos, nosotros podemos ser como él, tenemos los frutos del Espíritu y allí está la benignidad. Gálatas 5:22-23: "Mas el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio..."

La naturaleza de Dios es hacer el bien, ser benevolente, paciente y misericordioso con su creación; su amor incondicional habla de su naturaleza benigna; no hay mal en él. Efesios 4:32 "Antes pues sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo".