2 Samuel 22:7 " En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios; Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos."
No podemos rendirnos. Somos sus hijas
amadas. La Palabra nos anima: esfuérzate, sé valiente, cree, alaba y sigue
clamando. Espera con fe, porque Dios responde todo clamor.
En 2 Samuel 22 vemos un
cántico de liberación del rey David. Él testifica que, en su angustia, clamó a
Jehová, y Dios lo oyó, lo respondió y lo libró de sus enemigos. Esto nos
confirma que Dios cumple lo que promete.
A veces pensamos que los escogidos de
Dios vivieron vidas fáciles, pero no es así. La Biblia muestra hombres y
mujeres imperfectos, con debilidades, temores y errores, pero también con fe,
carácter y amor por Dios. La clave no es la perfección del hombre, sino la obra
del Dios perfecto en él.
No se trata de nuestra historia, sino de la historia de Dios a través de nosotros. Él es quien llama, capacita, levanta y glorifica su nombre en nuestras vidas. A Dios sea toda la gloria. El Señor nos libró, nos libra y nos librará de toda angustia. Jesucristo venció en la cruz, por eso somos más que vencedores. Él nos sostiene en medio de la prueba, el dolor, la escasez o la soledad.
Tal vez hoy estás pasando por un
tiempo difícil: prueba, espera, silencio o confusión. Muchos sienten temor y piensan que Dios los ha abandonado, pero eso no es
verdad, Dios no abandona a sus hijos.
Recuerda siempre quién eres:
perteneces a Dios. Eres parte de su Reino y tienes un Rey poderoso que te ama:
Jesús. Él te protegerá en medio de las dificultades y te enseñará que si clamas
tu clamor llegará a su corazón y responderá a tu llamado para rescatarte, fortalecerte
o levantarte. El Espíritu Santo está contigo. No temas. Dios no te abandonará.
Aunque enfrentes momentos como los de
David, no te detengas. Sigue clamando. El Señor es tu roca, tu fortaleza y tu
libertador. Él oye y responde al clamor sincero.
En lo personal, he pasado por
aflicciones, pruebas y tiempos de espera muy difíciles. Hubo momentos en los
que no entendía nada, donde mi fe se debilitó, pero decidí no soltar a Dios,
seguí esperando y seguí clamando y paso a paso e crecido espiritualmente y he
visto la mano de Dios obrar a mi favor. Siempre decía: “Aunque no entienda, no
te dejaré. Tú no mientes. Esperaré en ti.”
Clamé, confié y esperé. y Dios respondió y sigue respondiendo. Él me libró de muchas angustias y en medio de esos procesos, Él habló profundamente a mi vida y me permitió crecer y ver su mano poderosa y milagrosa a favor de mi vida y entiendo que cada proceso tiene un propósito.
Por eso es necesario entender que las pruebas fortalecen nuestro carácter,
nuestra fe y nuestra relación con Dios. Nos enseñan a escuchar su voz y a
confiar plenamente en Él.
La Biblia está llena de testimonios
de hombres y mujeres que clamaron a Dios y recibieron respuesta. Ahora nos toca
a nosotras creer, clamar y confiar. Si lo hacemos de todo corazón, veremos su respuesta, nuestra alma descansará en
Él y le daremos gloria a su nombre.
Salmo 38:15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado; Tú responderás, Jehová Dios mío.
