Hace varios años, cuando aún no le había entregado mi vida a Cristo, estuve en una iglesia y recuerdo que, hablando con una mujer, ella me habló del amor de Dios.
No pude entender lo que
ella trataba de decirme, así que le refuté: "Yo escucho música romántica y
ellas hablan de amor. ¿Qué tiene eso de malo? Sí, amor es amor. Pero aquella
sabia mujer, más que confrontarme, me dijo: "¡Vamos a orar por eso y Dios
se encargará!".
Años más tarde, acepté a Jesús como
mi Salvador y ha sido realmente el tiempo, la palabra de Dios y su
Santo Espíritu, quienes me han ido mostrando y enseñando el verdadero eterno e
infinito amor de Dios.
Hoy, entiendo que el amor de
Dios no tiene nada que ver con el amor que se nos muestra en nuestros hogares,
con nuestras amistades, en las canciones, relaciones, y no hay ningún parecido ni siquiera
en sueño con el amor más intenso que se pueda tener entre un hombre y una
mujer.
Dios entregó a su propio Hijo a la
muerte en una cruz para conseguir la salvación, la libertad, la sanidad y la
eternidad de cada uno de los seres humanos.
Juan 3:16 "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, más tenga vida eterna"
Dios es la principal fuente de amor verdadero. Su amor es como un imán que,
cuando se encuentra contigo, no puede parar la atracción. No es dañino, sino
que es bueno, perfecto y puro. Por su amor, Él te sacará de la cueva de los
leones, del pozo cenagoso, de la ruina espiritual y de las mismas garras del
Diablo. Dios purifica y reaviva el amor en ti, aunque esté muerto.
Si Dios es primero, te suple de su
amor restaurador y divino y tendrás amor del bueno para dar, porque Él es
la fuente idónea para beber. El amor de Dios es auténtico y sin ningún interés;
más bien te llena de beneficios y bendiciones. No está contaminado y no es
infiel. Y es Jesús, el Hijo de Dios, quien, por medio del Espíritu
Santo, te llena de su perfecto, inigualable e incomparable amor. Y es por
su amor que te acepta y te perdona.
En 1 Corintios 13:5, la palabra dice que “el amor no busca lo
suyo”, es decir, que es un amor genuino y desinteresado. No manipula, sino que
da, porque es sacrificial. Dios no rechaza a nadie por cómo es, sino que lo
recibe y lo restaura, porque su amor se basa en dar, restaurar y transformar.
Jesucristo en la Cruz nos mostró con hechos la profundidad del amor del
creador.
Por eso, Jesús nos ama con amor verdadero y desea empezar a tener una relación
personal con cada una de nosotras. El amor de Dios es benigno, entregado,
infinito, comprensivo, duradero, intenso, limpio, paciente y desinteresado. Es
proveedor, protector, tierno y dador de vida. Su amor aviva nuestro espíritu y
es el único que nos puede dar una esperanza de vida en la eternidad.
¡Imprégnate del poderoso y grande amor de nuestro Padre y Dios! ¡Dios es amor!
