Santiago 4:13-15: "Presten
atención, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal cual ciudad y nos
quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero. ¿Cómo saben qué será de su vida el día de
mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y
luego se esfuma.
Lo que deberían decir es: Si el Señor
quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
De lo contrario, están haciendo alarde de sus propios planes
pretenciosos, y semejante jactancia es maligna".
Como seres humanos, nos gusta
ponernos nuevas metas a cada instante; retomamos lo que no hicimos en años
anteriores, declaramos cambios: cero problemas, cero peleas, paz, ser más
positivos, comer más sano, bajar de peso. Viajes, ganar mucho dinero, hacer el
negocio de mi vida, encontrar un esposo, amor, éxito, prosperidad en
abundancia, etc.
Y muchas estarán pensando: "¿Y
qué hay de malo en eso? ¡Pues nada! Yo le hice varias de esas peticiones a
Dios. Lo único que deseo es que hagamos un análisis interno y nos preguntemos
esto:
—¿Se lo pediste a Dios? ¿Lo tomaste en cuenta en las peticiones? Dijiste: ¡Si Dios quiere!"
—¿Son planes pretenciosos y egoístas?
—¿Sabes cuál es tu propósito en Dios en la vida?
—¿Tomaste en cuenta el área espiritual?
—¿Deseas impresionar a alguien?
—¿En todos tus deseos está Dios incluido?
—¿Lo hiciste porque todos lo hacen?
Repasemos el versículo base:
"Presten atención, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal cual
ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero. ¿Cómo
saben qué será de su vida el día de mañana?”
Este versículo nos da mucho en qué
pensar y nos confronta, porque la verdad es que, no tenemos el día de mañana asegurado y
tampoco tenemos control de los días. La palabra de Dios siempre nos va a
enseñar y a presentar la forma agradable de cómo debemos hacer las cosas.
¿Cuántos planes, no hacemos a diario, planificamos de un año para otro, vamos
de un lugar a otro, nos metemos en proyectos, negocios, y no incluimos a Dios?
Y no sabemos si viviremos el día de mañana, no sabemos qué nos acontecerá y si
podremos cumplir con aquello que nos hemos pautado. Vivamos y soñemos con fe y
en grande, creyendo en un mañana mejor, pero siempre tomadas de la mano de
Dios.
Que quede claro que no hay nada de
malo en hacer planes, ni en ejecutar un proyecto, en cuidarse y salir adelante;
solo que debemos aprender a reconocer que Dios tiene el control de todo y
debemos decir: “Si Dios quiere”.
Por otro lado, si fracasamos, no le
echemos la culpa a Dios. Tengamos en cuenta que, cuando obtenemos el plan de
Dios para nuestras vidas, nuestros proyectos y peticiones siempre los vamos a
basar en ese propósito que ya nos fue revelado. Entonces, ya no pensaremos solo
en nuestras necesidades, con egoísmo, sino por el amor al prójimo y el deseo de
agradar a Dios, y si Dios está metido en tus proyectos, esos proyectos
naturales y espirituales serán un éxito.
"...La vida de ustedes es como
la neblina del amanecer: aparece un rato
y luego se esfuma" Algo es seguro: el que nace algún día morirá. La vida
pasa tan rápido. ¿Cuántas personas vimos morir este año de una forma
inesperada? ¿Cuántas veces has pensado? —¡He perdido mi vida! No sabemos hasta
qué edad Dios nos va a permitir estar en la tierra. Para morir no hay una edad
estipulada y la maldad del hombre ha acelerado la partida de muchos. Si tú
sientes que no has aprovechado tu vida, ¡ven a Cristo! Y no importa tu edad, ni
tu pasado; en él tus días tendrán propósito y tendrás paz del mañana.
"...Lo que deberían decir es: Si
el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. De lo contrario, están
haciendo alarde de sus propios planes pretenciosos, y semejante jactancia es
maligna".
De la palabra de Dios sale la frase:
"¡Si Dios quiere!" Voy a tomar en cuenta a Dios en todo. Y prestamos
gran importancia cuando nos dice que ignorar esto es “jactancia” y es
“maligna”. Carne y tinieblas, renunciemos a eso y rindamos nuestros planes a
Dios y tengamos un corazón limpio y agradable a él en cada día que vivamos y en
cada proyecto que hagamos.
Y sepa que lo que Dios siempre
"quiere" es que usted venga al conocimiento de Cristo y sea salvo,
que lea y aprenda y ponga por obra su palabra, que vaya a la iglesia, que
crezca espiritualmente, que se aparte del mal, que cambie y renuncie al pecado,
que le obedezca y haga su buena y perfecta voluntad. Que ame a su prójimo, que
cumpla su llamado, que viva en paz, que gane almas para Cristo y glorifique su
nombre porque eso tendrá recompensa.
