Salmo 50:21: "Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensaste que de cierto sería yo como tú..."
Todos los seres humanos
en algún momento hemos visto a Dios de una manera errada. No viéndolo como Él
es, en su esencia y naturaleza original, sino a través de heridas,
experiencias, de una religión, de un mal comentario o de una idea negativa. Las
personas tienden a proyectar sus propios defectos, errores, límites y moralidad
sobre Dios. Pero nuestro creador no está hecho a nuestra imagen y semejanza; es
al revés.
Yo recuerdo que a mí me
presentaron a Dios más como castigador que como un Dios de amor y Salvador, así
que le tenía terror; me lo imaginaba con un látigo en la mano y listo para
azotarme. También lo veía como un dios iracundo y eso me llenaba de ansiedad y
miedo. Y aunque me decían que Dios me amaba, era inevitable verlo como un Dios
lejano; quizás le importaba cualquier persona menos yo. De alguna manera y
según las circunstancias personales, tenemos la tendencia de ver y de hablar de
Dios según nuestra perspectiva. Pero la esencia de Dios y quien él es no tiene
nada que ver con nuestras circunstancias, ideas, emociones o aprendizajes.
Veamos las 5 formas equivocadas o falsas en que podemos ver a Dios y luego un versículo que habla de su esencia
original:
1. Dios iracundo:
Produce: terror, miedo, tensión, alerta, ansiedad. Pensar que Dios está
permanentemente enojado y lleno de ira con nosotras y con el mundo hace que nos
alejemos de él por miedo, en vez de acercarnos con confianza. Tenemos que
entender que la ira de Dios es una respuesta justa y santa hacia el mal y que tiene
un tiempo profético asignado. Sabiendo que Dios aborrece el pecado, pero es
grande en misericordia, paciente y compasivo con todo aquel que le
busca. Salmo 103:8: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para
la ira y grande en misericordia.” Salmo 30:5: "Porque un momento será su
ira, pero su favor dura toda la vida."
2. Dios castigador:
Produce: Miedo, juicio, represalia, no hay paz, impotencia. Ver a Dios
únicamente como alguien que está esperando nuestro próximo error para
castigarnos puede hacernos vivir bajo la culpa y el temor. Dios corrige,
disciplina, guía y enseña, pero todo lo hace desde su amor y siempre busca
nuestro bien. Tenemos que aprender a separar las consecuencias de nuestros
errores de lo que verdaderamente proviene de Dios. Un Dios castigador no piensa
en dar vida, transformación, perdón y una siguiente oportunidad, y sabemos que,
aun cuando no la merecemos, él lo hace. Efesios 2:4: "...por su gran
amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida
juntamente con Cristo." Hebreos 12:6: “Porque el Señor al que
ama, disciplina.”
3. Dios condicional:
Produce: Pensamiento de negocios, transacción, autoexigencia, me gano las
cosas, inseguridad, yo hago, él me da. Esta es una visión muy equivocada, el
creer que Dios solamente nos ama y nos da cuando hacemos todo bien. Su amor es
incondicional y no depende de nuestros méritos, desempeño o cumplimiento de
normas. La obediencia y el servicio importan, pero desde la perspectiva del
agradecimiento, la gracia y el amor. Nuestra relación con Dios comienza con su
gracia, no desde nuestras obras, aunque son parte. Tampoco por medio de una
negociación, sino desde una iniciativa y entrega. Romanos 5:8: “Dios
muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros.” Efesios 2:8: "Porque por gracia sois salvos por medio de la
fe, pues es don de Dios..."
4. Dios lejano: Produce:
Tristeza, creo que no le importo, no me escucha, no me presta atención, no se
preocupa por mí. Algunas personas creen que Dios está distante, observando
desde el cielo sin interesarse por su creación y por las luchas de cada uno.
Sin embargo, la Biblia nos presenta a un Dios muy cercano que anhela corazones
y, más que eso, a un Padre que nos escucha, acompaña, defiende y sostiene al
caído. Él es galardonador de quienes lo buscan; su presencia llena el universo
y sostiene cada vida. Salmo 34:18: “Cercano está Jehová a los
quebrantados de corazón”. Hechos 17:27-28: "... no está lejos de cada uno
de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos."
5. Dios injusto:
Produce: Desconfianza, desamparo, impotencia, amargura, enojo. Cuando
atravesamos situaciones dolorosas que no comprendemos, podemos preguntarnos:
“¿Por qué Dios permitió esto?” Esa pregunta puede llevarnos a pensar
equivocadamente que Dios es injusto. No siempre entenderemos sus caminos y el
porqué permite que sucedan las cosas, pero podemos confiar en su carácter y en
su justicia, sin hacerlo responsable de lo que no es responsable. El hecho
de que algo suceda no quiere decir que él lo provocó o es su voluntad; los
seres humanos tienen libre albedrío y erran. Su naturaleza es la justicia,
equidad; sus caminos son perfectos, juzga a todos por igual según sus obras. Y no puedo dejar de mencionar que por la fe en Cristo, más bien, somos justificados. "Hebreos 6:10: Porque Dios no es injusto para olvidar..." Romanos 5:1 "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo."
No tenemos que cambiar a
Dios, tenemos que cambiar el enfoque, la imagen errada que hemos
construido de Él. Sanar internamente y conocerle en una relación personal.
¿Cómo le conocemos? Principalmente a través de su Palabra. Allí vemos sus
características y, cuando eso pasa, todo cambia. No podemos creer que le
conocemos por un suceso, un comentario o por causa de nuestras heridas; debemos
comenzar a conocerle a través del Espíritu Santo y él nos revelará su verdadera
identidad, esencia y su amor incondicional por su creación.
Dios es realmente justo, cercano, misericordioso, con un gran amor incondicional y está lleno de gracia verdad y fidelidad.

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