En algún momento de tu vida, ¿has tenido que correr a los
pies de Dios y decirle a toda voz y con toda tu alma y tu corazón: Ayúdameee?
Hay tiempos en la vida en que tenemos que dejar de luchar con
nuestras propias fuerzas y buscar la ayuda y el poder de Dios para
levantarnos de la oscuridad, del dolor, de la enfermedad, de la tristeza, de la
soledad, de la opresión e incluso de la nada. Puede que sientas que no existes
y no logres ver por qué estás en este mundo.
Dios siempre tiene la respuesta a todas nuestras preguntas, a
nuestros sufrimientos, inquietudes; él es nuestro diseñador, nos hizo a su
imagen y semejanza, por tanto, cuando una parte de nosotras falla, se rompe, se
altera o es cambiada por el hombre, es necesario que él venga a
nosotras y arregle o corrija ese diseño a su diseño original, tal y
como él lo hizo, para que haga la función para lo que él la envió a
este mundo.
Hubo un tiempo en mi vida en que sentí que no podía ni mirar dónde ponía mis pies; es como cuando se va la luz y ponemos la mano en frente de nosotros y, por más que abrimos nuestros ojos, es imposible verla, porque todo a nuestro alrededor está totalmente oscuro.
Para poder ver, fue necesario abrir mi boca para que se encendiera una luz y fue justo en el momento en que dije dentro y fuera de mí: ¡Dios, ayúuudamee! ¿Qué hago? ¡Ya no puedo más! ¡Te necesito, ayúdame! Con estas palabras reconocía que él era Dios, el del poder, el que todo lo puede, el único que podía encender una luz en mi camino, en mi vida y ayudarme a levantar la cabeza y mostrarme cuál era el plan que tenía para mi vida vacía, que estaba llena de mentiras, y para encontrar la paz que tanto necesitaba.
Fíjense que no lo culpe por mi situación, no le pregunté: "¿Por qué me trajiste a este mundo a sufrir?", o le recalqué: "Si fuera verdad que existieras, yo sería la mujer más feliz del mundo y nadie tuviera problemas, o quizás le hubiese dicho: “Yo puedo hacerlo sola”.
Dios no se fija en lo que está fuera de nosotras, sino
en lo que está dentro de nosotras y sabe cuándo clamamos a él y le pedimos
ayuda con un corazón que reconoce su grandeza, un corazón humilde y tierno, que
está dispuesto a dejarse moldear por su mano que está abierto a sus palabras,
que sabe que él jamás le abandonaría y que ya está lista
para recibir el regalo más hermoso que él nos ha dejado a nosotras y al
mundo; a su Hijo Jesús por medio del cual recibimos paz, el amor, el gozo
y la salvación.
Él es quien nos saca de la oscuridad y nos muestra el camino,
corrige nuestros pasos, nos ayuda a salir de nuestros conflictos internos y
externos, no importa cuáles sean, no importa de dónde vengas, ni en dónde
estás, cuando le dices ¡Dios Ayúdame! Él hace acto de presencia en tu
vida, como lo hizo en la mía, y cosas inexplicables empiezan a
suceder. Hoy su luz te está alumbrando.
Mujer, no tengas temor, confía en Dios y recibe a Jesús en tu
corazón; él puede y quiere ayudarte a vivir una vida con propósito. Los
problemas siempre van a llegar, son parte de la vida; es justo allí cuando vas
a aprender a decir: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". Filipenses
4:13







