Cuando entramos en
el camino de Dios y empezamos a conocerle y nos enterarnos de la cantidad
de promesas que tiene para con toda la humanidad, y como podemos orar y recibir,
es inevitable desearlo todo con solo decir “¡Amén!” Y pensamos que hemos llegado
a un parque de diversiones, sin darnos cuenta de que en realidad hemos entrado
en un proceso de nacimiento, crecimiento, purificación y transformación.
Es fácil decir: ¡Yo quiero! ¡Yo quiero! ¡Y también quiero! Pero difícil, es decir: Señor ayúdame a menguar para que tu crezcas en mí.
Un predicador decía: "Esta es la generación del microondas"; todo lo quiere para ayer. Oramos si la corredera del día nos lo permite, nos cuesta tener una comunión con Dios, leer su palabra, ayunar, congregarnos, cambiar, esperar en él y confiar en su palabra.
Las etapas de pruebas muchas veces son las que nos llevan a rendirnos y a creer
en sus promesas, por medio de ellas somos guiadas al propósito, somos
purificadas y santificadas, transforman nuestro carácter, fortalecen nuestra fe
y nos llevan a alinearnos con los planes de Dios. En medio de un proceso es que
se ve quien eres ante Dios y para Dios. Es precisamente en este tiempo en que
muchos se desesperan y toman otro rumbo.
Pero cuando le confiamos
nuestra vida al Señor el Espíritu Santo comienza a libertarnos, sanarnos,
limpiarnos y a guiarnos. Nos enseña a pedir, a dar, a obedecer, a crecer y
a llevar una vida conforme a lo que Dios tiene para nosotras. También nos instruye
en el llamado, señales, en la autoridad y en la guerra espiritual. Él nos ayuda
a vivir para el Reino de Dios, y para todo esto es necesario salir del mundo
que nos hemos creado nosotras, nuestra familia, cultura o tradición, así como sanar traumas, dolores y rencores. Para
aprender a llevar cada proceso en el Señor tenemos que:
- Tener la actitud correcta: Cada proceso es necesario y cada dificultad nos sirve como una oportunidad para madurar; bajar para subir. Los procesos no son un castigo, son necesarios para que cada creyente pueda crecer y ser afirmado en su vida cristiana.
- Se
debe tener una fe constante: En las pruebas y en los procesos nuestra fe se
pone a prueba; allí se ve si creemos o no creemos, si somos o no somos, lo
que hará que nos fortalezcamos y levantemos nuestra fe en Dios y en sus
promesas.
- Hay
que aprender a actuar y a esperar con paciencia: Tiempo al tiempo,
cero microondas. Tenemos que aprender a esperar y tenemos que aprender a
dejar que, mediante la espera, Dios, por medio de su Espíritu transforme
nuestro carácter, sin apurarlo y sin renegar. Muchas cosas dependerán de
nuestra obediencia y de cómo dejamos que el Señor haga la obra en nuestras
vidas.
- Aprender a tener dependencia: Hay que soltarle el control de nuestra vida y de todas las cosas a Dios, y rendirse, reconociendo que sin él no puedes y aprender a confiar que el Señor no te abandonará, sino que él por medio de su Espíritu te guiará y te sustentará hasta pasar hacía otro nivel.
Dependiendo de nosotras, todo será más fácil o más lento, pero el proceso nos toca vivirlo a todas, porque todas necesitamos ser transformadas. Ora, lee la palabra, adora, congregate y no te quejes mas. Así que ponte en disposición del Señor y tranquila porque todo te ayudará para bien.
"Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordía, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos". Salmos 138:8
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