Muchas personas dicen creer en Dios, mas no
creen en Jesús como su Hijo, porque lo relacionan directamente con una
invención o una religión. Otro grupo no cree en el Espíritu Santo. Muchos otros
buscan diferentes opciones espirituales que les permitan tener una relación con
Dios a su manera. Y otros deciden ya no creer en nada.
REVELACIÓN DIVINA: Pero debemos entender, por medio de la revelación divina manifestada en las
sagradas Escrituras y por los cientos de miles de testimonios que han
transformado a los hombres en el mundo y a través de muchas generaciones, que
el Hijo de Dios vino a este mundo por una causa y por una misión: salvar a la
humanidad del pecado y redimirla, reconciliándola con el Padre. El mismo Dios
nos hace la presentación de su Hijo; solo debemos ser humildes de corazón y
creer lo que está revelado en las Biblia que es una inspiración divina dada a los hombres. 2 Timoteo 3:16 Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, redargüir, para corregir para instruir. Mateo 3:17: "Y
hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia".
UN SOLO MEDIADOR: Religiones hay muchas, pero hay un solo
salvador y mediador autorizado entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre. Hechos 4:12 "Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en
que podamos ser salvos"
No es lo que yo diga, es lo que él ya dijo, me guste o no me guste, esté de
acuerdo o no; lo entienda o no. Lo que Dios ya dijo, nadie lo va a
cambiar. Filipenses 2:11 "Y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre". ¿Tiene usted
una lengua? ¡Pues confiéselo!
No hay acepción de persona; toda nación, raza, cultura, color, lengua, rasgos,
hombre, mujer o niño tiene que confesarlo.
NO HAY JUSTO NI AÚN UNO: Para muchos que dicen "no" ser pecadores y ser
"buenos", aquí encuentran una traba, porque entonces, por orgullo
y rebeldía, no quieren rendirse, pedir perdón y confesar todos sus
pecados. No hay una puerta trasera, no hay un muro que brincar, ni un abogado
que contratar; tampoco una oración para que puedas entrar al cielo; el
único asignado por Dios es Jesucristo de Nazaret.
JUSTIFICA Y PERDONA:Tu salvación está en juego y hay mucho que perder. La palabra dice que no hay un justo, todos son culpables de juicio; sin embargo, cuando aceptamos a Cristo, él justifica nuestras faltas ante el Padre y nos da la entrada a la presencia de Dios. Mateo 9:6 "Pues para que sepas que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados..."
DEBES CREERLO Y CONFESARLO: ¿Qué es lo que hoy nos conviene entender? Que si confesamos a Jesucristo como
Rey y Señor, seremos salvos. Dios nos amó tan infinita e
indescriptiblemente que envió y entregó a su Hijo, un Rey sin mancha y sin
pecado, santo y puro, a morir por nosotros, llenos de maldad, iniquidad y
pecado, y sabiendo desde el principio que muchos lo despreciarían. Su
sacrificio tenía que cumplirse, para que se cumplieran las escrituras, porque
era un plan de salvación para todo aquel que en el cree. Porque si lo confesamos con nuestra boca seremos salvos.
EL ESPÍRITU TE AYUDARÁ Y GUIARÁ: El
Espíritu Santo de Dios está aquí en la tierra con cada uno de los
creyentes y es quien guía a las personas
a Jesús y les da convicción de pecados, los llena de frutos, dones,
los cambia, restaura, limpia, regenera, santifica, perfecciona, y solo él te
hace reconocer que el Hijo de Dios murió en la Cruz para darnos salvación, paz
y vida eterna. El que confiesa al Hijo, tiene al Padre y tiene al
Espíritu Santo.1 Juan 4:2 "En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios". Solo el Espíritu te puede llevar a tener un encuentro con Dios y fortalecer tu fe en él, para que tengas seguridad de tu salvación.
Confesión de fe: Padre Celestial, gracias
por enviar a tu Hijo en rescate por mi alma. Señor Jesús, hoy vengo ante ti
pidiéndote perdón por todos mis pecados; me arrepiento de todo lo
malo que he hecho delante de ti, necesito tu perdón. Señor Jesús, entra a
mi corazón; te confieso, mi Rey, Señor y mi único y suficiente Salvador.
Escribe mi nombre en el libro de la vida. Guíame con tu Santo Espíritu.
¡Amén! "Porque con el corazón se cree para justicia, pero
con la boca se confiesa para salvación".















