Lucas 2:1-20
Los pastores y los ángeles
y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.»
Lucas 2:1-20
Esperar la respuesta de Dios a cada una de nuestras oraciones es a veces agotador, algunas respuestas son inmediatas o rápidas, sin embargo tenemos que saber que no todo lo que le pedimos a Dios nos conviene, muchas veces podemos orar con ego, con rabia, con ideas egoístas, con deseos de venganza, en la carne y no en el espíritu, y es por eso que no todo lo que pidas el Señor lo va a responder.
Abraham creyó en esperanza contra esperanza y, ¿Sabes cuál es nuestro mayor reto?, aprender a esperar en el Señor y para la gloria de Dios, porque a nuestro amado Señor Jesucristo tenemos que esperarlo, y si no sabemos esperar ¿Entonces? Como esperar a nuestro Rey, único Señor y suficiente Salvador, nuestra esperanza y espera debe desarrollarse en Cristo Jesús, para saber que no debemos darnos por vencido y tener certeza que todo lo que Dios nos ha prometido es completamente cierto y nuestro Jesús vendrá un día por su pueblo y nuestra vida eterna en el espíritu será una gran realidad, absolutamente nada, ningún problema, reto, tribulación, conflicto, o duda puede robarnos la esperanza de saber que estamos a la espera de las bendiciones espirituales del Dios vivo, lo terrenal es importante y de gran bendición porque en este mundo estamos, pero la palabra dice que Dios pesa los espíritus, así que llenemos de la presencia del Espíritu de Dios para que nuestra esperanza abunde en nuestros corazones y cada una de nuestras necesidades sean suplidas en completa paz, junto a la espera de aquello que no podemos ver, nuestro amado Salvador Jesucristo de Nazaret.Es poderoso leer a un Jesús lleno de
poder en los evangelios. Un Jesús que anhelaba la libertad y el bienestar de su
prójimo. Los evangelios están llenos de los milagros, sanidades, prodigios y
liberaciones que Jesús les hacía al pueblo. Miles fueron los testigos oculares
de su ministerio sobrenatural como el Hijo de Dios.
En las multitudes que le seguían
podemos ver que había gente de fe, que decían: ¡Este es el Cristo que tanto
esperábamos! ¡Nadie ha hecho lo que él hace! El gentío se impactaba de su
autoridad y de sus enseñanzas; Jesús mostró ser todo un “maestro" al
servicio de hombres, mujeres y niños. Su presencia no podía pasar desapercibida
en ningún lugar que llegara.
Tanto incrédulos, religiosos,
opositores y mirones que, más que aportar y alegrarse por sus maravillas, eran
piedra de tropiezo para los milagros y para que muchos no creyeran lo que
pasaba ante sus ojos. Los sordos escuchaban, los ciegos veían, los leprosos se
sanaban, los dolores se iban, los oprimidos por demonios eran liberados. El amor de Dios se manifiesta por medio de
Jesús de Nazaret, quien vino a dar esperanza y vino a salvar lo que se había
perdido.
Todo sucedió ante los ojos del
pueblo; sin embargo, muchos no creían, se oponían y criticaban a Jesucristo y
luego a sus discípulos. Y no estamos muy lejos de esto; hoy muchos son
incrédulos, critican, no creen en milagros, son religiosos y se oponen a la
voluntad y a la obra milagrosa del Señor para su iglesia. Lo ven como parte de
la historia, pero no como parte activa del presente por medio de la presencia
del Espíritu Santo en la iglesia de Cristo. Marcos 9:23 "Y Jesús le dijo:
Si puedes creer, al que cree todo le es posible".
Yo soy testigo del poder sanador de
Jesucristo; su mano poderosa y milagrosa no se ha acortado. Él me ha libertado
y me ha sanado en varias ocasiones de diferentes enfermedades, por eso hablo de
su poder y de su amor. Si estás sufriendo y cargando con una enfermedad, una
opresión, un dolor, una fiebre, estás al borde de la muerte, lo que sea que
tengas, si lo crees y pones toda tu confianza en el Señor Jesucristo, él puede
sanarte, libertarte, obrarte un milagro, quitarte esa carga pesada.
Este pasaje de la mujer encorvada me
impacta, porque mientras la mujer del flujo de sangre se arriesgó a todo y fue
y tocó el borde del manto de Jesús y arrebató su milagro, esta mujer encorvada
solo estaba en el lugar correcto, a la hora correcta, en un sitio que era
mayormente visitado por hombres. "La Sinagoga". En esta época, por
cuestiones culturales, los hombres no hablaban con las mujeres; sin embargo,
Jesús se sale de ese parámetro y rompe la cultura, aun cuando sabía que se
exponía a las críticas y hasta a la agresión de los fariseos y religiosos de la
época, quienes estaban en la sinagoga.
Quizás por eso esta mujer llama su
atención; las escrituras dicen: "Y
Jesús la vio..." Pero no solo la vio, sino que "la llamó" Esta
mujer no tuvo que abrir su boca, ni pedirle nada, solo obedeció a su voz y fue
a él, sin saber ni entender para qué la llamaba. Jesús, por su amor, su
compasión y por su infinita misericordia, le dice lo que quizás nadie, ni ella
misma, se esperaba: "Mujer eres libre de tu enfermedad".
Luego, la tocó, colocando sus manos
sobre ella, y poder salió de él, porque ella fue sana en esa misma hora. Ella
se endereza y es completamente libre de la esclavitud de la enfermedad que
llevaba desde hacía 18 años. Fue libre de toda opresión del enemigo. Fue libre
del pasado, del juicio, de las burlas y críticas. Fue libre para seguir a
Cristo y para glorificar y exaltar al Altísimo Dios. ¡Qué maravilloso es el Señor Jesucristo!
Mujer: Jesucristo está listo para
entrar en tu vida y decirte: ¡Mujer, eres libre de tu enfermedad! La sanidad
divina es real. Esta mujer estaba en el
templo buscando la presencia de Dios.
Debes tener en cuenta que hay
enfermedades por causa del pecado, maldiciones hereditarias, opresiones
demoníacas. Hechizos, enfermedades y dolores por descuido. Desórdenes
alimenticios, etc. Pídele al Señor que te purifique y sane tu corazón, tus
pensamientos, tu alma, que trate contigo y tendrás el camino libre y la entrada
de tu milagro en tu cuerpo.
A mí me pasó, como a la mujer
encorvada. Jesús me vio, y me sanó; la verdad, yo no entendía nada, no sabía de
este poder de Jesús para sanar. Tan solo tenía un mes de ir a la iglesia;
varias enfermedades del alma habían desaparecido. A través del tiempo he tenido
que clamar por otros milagros y he visto la mano poderosa y sanadora del Señor
Jesucristo obrar a mi favor y en mi vida. Él sustenta mi cuerpo; aun cuando
visite al médico, mi confianza está en Jesús.
Jesús quiere sanarte; ninguna enfermedad, ningún demonio y ninguna situación natural puede ignorar el poder y las palabras de Dios. Tu fe en el Jesucristo vivo que desea hacerte libre y ver sano a su pueblo. "Por su llaga hemos sido sanados". "Clama a mí y yo te responderé".
No
sé cuál sea tu situación, solo clama y cree que Dios vendrá a tu rescate. No te
canses, no desmayes, sigue creyendo y sigue clamando por tu sanidad, porque él oye tu clamor y
ya todas las enfermedades fueron vencidas en la Cruz del Calvario. En el nombre
de Cristo Jesús preparate hoy Jesús entrará a tu casa y te sanará. ¡Amén! 8:7 "Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré".
Los evangelios de San Mateo, San
Marcos, San Lucas y San Juan dejan testimonio escrito de cómo Jesús sanaba a
los enfermos. Todas las enfermedades y dolencias las podía sanar y todo pecado
lo podía perdonar, porque había poder en él. Él tiene autoridad para perdonar
pecados y sanar enfermos. Su ministerio se destaca en el amor y la compasión
por los perdidos, abandonados, marginados, desamparados, olvidados por la
sociedad, por todos los que ya no tenían esperanza. Los desechados por el mundo
venían a él aun sin conocerlo para pedir misericordia y ser sanados.
Las personas eran atraídas a Jesús; su fama de que sanaba a los enfermos se regaba por todos los pueblos y aldeas. Milagros salían de él, su palabra era obedecida por el mundo natural y espiritual, por los demonios, por los hombres, por los ángeles. Jesús siempre quería libertar de toda opresión al que a él venía. Mateo 8:7 "Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré".
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y
por los siglos. Si ayer quiso, hoy aún quiere y puede sanarte, porque su poder
y autoridad están vigentes sobre los cielos, la tierra y debajo de ella. Si
pones tu confianza y tienes fe en él como sanador, médico, libertador, restaurador de la mente,
del cuerpo y detu alma; Jesús hoy te dice: "Mujer, eres sana. Quedas libre y sana de todo mal y de toda enfermedad".
Porque toda enfermedad, maldición,
pecado, dolencia y falta de paz fue llevada y quedó crucificada en la Cruz del
Calvario, para que nosotros hoy podamos venir y entrar ante la presencia del
Dios Altísimo y decir: en el poder del nombre que
es sobre todo nombre, Jesús, quedo sano y completamente libre
de toda enfermedad.
La salvación tambien puede sanar el alma y el cuerpo. Jesucristo hace milagros. Así que cree en tu milagro con fe y ven a los brazos de Jesús a pedirlo. Juan 11:4 "Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella"
ORACIÓN
Padre Celestial, hoy venimos ante tu
presencia dándote las gracias por tu infinito amor y por tu gran misericordia. Deseamos ponernos a cuentas contigo y rendirnos ante ti, por medio de tu Hijo
Jesús, declarándolo como mi Salvador y libertador, mi Rey en quien confío y
pidiéndote perdón por todos mis pecados.
Señor, ahora, vengo con un corazón humillado ante ti, reconociendo tu poder y compasión con los enfermos, tengo fe y deseo ser sana. Te pido sanidad para mi alma, mi mente y para mi cuerpo. Hoy deseo ser libertado de toda asechanza del enemigo, de cadenas y yugos de maldad que me atan a las tinieblas. La palabra dice que tu llevaste mis enfermedades y dolencias.
En nombre de Cristo
Jesús, así mismo, te pido perdon y perdono a todos aquellos que me han ofendido
y que me han hecho daño; rechazo toda legalidad de enfermedad en mi cuerpo por tener falta
de perdón. Rechazo toda enfermedad que me haya brotado del rencor. Sacame de la carcel.Te ruego que
me limpies dame paz. Quiero dejar el pasado y la enfermedad atrás. "Poe tu llaga soy sanada".
En el nombre de Cristo Jesús echo fuera todo demonio de enfermedad que me oprime, todos espíritu de alto rango de enfermedad le ordeno que salga de mi vida en el nombre de Jesús y sea echado a los abismos sin retorno. El poder del Espíritu Santo se despliega sobre mi y me liberta. Toda opresión del diablo me es quitada en el nombre de Cristo Jesús.
Rechazo toda maldición de enfermedad heredada,
brujerías, hechicerías quedan sin poder y me declaro sana en el nombre de
Jesús. Creo que soy libre y toda opresión me es quitada. El dolor no tiene poder sobre mi. Recibo nuevas fuerzas, ganas de vivir, nuevas oportunidades y un propósito que glorifique tu nombre. Daré testimonio de la sanidad que hoy tú
me regalas. "No moriré, sino que viviré para contar tus maravillas".
Señor Jesús, gracias por sanarme. Tus milagros se desatan en mi cuerpo, en mi
vida, en mi familia y seré testigo de que tú, Señor Jesús, eres
el mismo ayer, hoy y por los siglos. Todo funciona perfecto como tú lo has creado. ¡En
el nombre poderoso de Cristo Jesús! ¡Amén!
Lucas 13:12: "Cuando Jesús la
vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad"
¡Hoy he recibido
sanidad en mi alma, en mi mente y en mi cuerpo en el nombre de Jesús! Da testimonio de tu milagro.
El libro de 2 Corintios
fue escrito por el apóstol Pablo para la iglesia de Corinto. Pablo fue un
perseguidor de la iglesia de Cristo, quien luego tiene un poderoso y
sobrenatural encuentro con Jesús y desde ese momento su vida es transformada,
para luego convertirse en uno de los servidores de Cristo más destacados y
sobresalientes de las escrituras en el Nuevo Testamento, por su profunda y
apasionada relación con Cristo y su iglesia.
No obstante, a Pablo le tocó
pasar muchísimas aflicciones por amor a Cristo, quien nos dejó grandes
enseñanzas en cada palabra para no desistir, sino a confiar, a creer, alimentar
nuestra fe, a levantarnos sin desmayar. Aprendiendo a gozarnos en medio de los
problemas y situaciones externas y a renovarnos cada día en lo interior de
nosotros con la poderosa y viva palabra de Dios.
Todos los hombres y mujeres a
quienes Dios usó pasaron por grandes y terribles aflicciones, pero de todas
ellas los libró Dios, y todo fue usado para crecimiento, propósito, para
manifestar su poder y sabiduría ante los hombres y para gloria suya.
Cristo es nuestra luz y nos da de
su luz para que las tinieblas no prevalezcan en medio de nosotros, sino que
nuestro conocimiento sea iluminado y lleno de la palabra de Dios, renovando
nuestro entendimiento y nuestro espíritu para el completo conocimiento de la fe
en nuestro amado Jesús, quien nos advierte que en el mundo tendremos
aflicciones, pero confiemos con todo nuestro corazón en él, porque ya él venció
al mundo.
En las aflicciones y en el sufrimiento de Pablo ejerciendo su ministerio y por su fidelidad, lealtad y amor al Señor, llevado hasta la muerte. Sin embargo, sus palabras para nosotros son de amor, gozo, alabanza, esperanza y fe en nuestro amado y Señor Jesucristo, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús a nosotros también nos ayudará y resucitará con Jesús para gloria y honra suya. Su Santo Espíritu es nuestro Consolador, ayudador, compañero y guía; el que nos fortalece en medio de las aflicciones, para llevarnos de gloria en gloria y de victoria en victoria.
¿Estás pasando por una aflicción? A todos nos toca. Son parte de la vida; aún más en Cristo son necesarias para nuestro crecimiento y renovación espiritual. Corrección, disciplina, para que aprendamos a poner nuestra confianza en Cristo. Negándonos y muriendo a nuestros propios y egoístas deseos, para poder llegar a cumplir la misión para la cual fuimos creados. No viendo lo visible, sino al invisible, por medio de la fe, porque todo pasará, y todo es temporal, pero sus palabras no pasarán y sus promesas son eternas.
Oremos:
Padre Celestial, te doy las gracias por tu amor, por tu misericordia. Gracias por todo lo que me das, gracias por tu protección y sustento. Gracias aún por todo lo que estoy pasando, porque sé que tú estás conmigo y que no me dejarás, ni me desampararás, sino que me fortalecerás para no desmayar.
Señor Jesús, siento que me estoy desgastando, que no puedo más con esta aflicción, pero tu
palabra dice que viva por medio de la fe en Jesús y en tu viva y poderosa
palabra. Día a día mi espíritu será renovado por tu Santo Espíritu, porque todo
esto es tan solo una muy leve tribulación, y que es una situación momentánea
que tendrá un fin. Todo será para gloria tuya y descanso mío. Permite que essta aflicción produzca en mí un excelente y eterno peso de tu poderosa gloria.
Veré un milagro a mi favor, a
favor de mis hijos, de mi esposo, de mi familia, de mis
amigos, de mi trabajo. De mis estudios, a favor de mi provisión, de mi salud, de mi nación y a favor de mi relación espiritual
contigo.
Tú me defiendes del enemigo y de
mis angustiadores y de todo aquel que venga en contra de mi vida; tú eres Señor
de lo visible y de lo invisible. Destruye los planes del enemigo en mi contra. Tú levantas mi corazón, me defiendes del lazo del
cazador, del yugo del enemigo y me das libertad, porque ya venciste al
adversario de mi alma, solo tú, Señor me haces verdaderamente
libre. Esto te lo pido en el poderoso
nombre de Cristo Jesús. ¡Amén!
Dios deseaba la comunión la reconciliación con su creación con sus hijos, la palabra dice que él nos reconcilio consigo mismo por medio de Cristo; Dios hizo por amor y misericordia un puente de acercamiento entre la humanidad y él para poder restaurar una relación que se había roto y que se había distanciado abismalmente; Dios entregó lo que más amaba por esa reconciliación, y con ella la paz, el amor y el gozo de estar juntos otra vez amándonos. -¿Tú que estás dispuesta a entregar por esta relación?
¿Que es lo que hoy tenemos y nos conviene entender? que Dios le entrego todo a Jesucristo, incluso perdonar pecados y que él tiene toda autoridad en lo que se hace en el cielo y en la tierra, visible o invisible... Es decir; nos conviene confesarlo como Señor, porque es por medio de él que los cielos se abren para tí y para mí y solo así se puede tener contacto con Papá. Jesucristo está al mando. "De tal manera Dios amo al mundo, que entrego a su Hijo único" Dios nos amó tan infinita e indescriptiblemente que envió y entrego a su Hijo, un Rey sin mancha y sin pecado santo y puro, a morir por nosotros llenos de maldad y sabiendo que desde el principio muchos lo despreciarían.... Su sacrificio tenía que cumplirse, para que se cumpliera la escritura, porque era un plan de salvación para beneficio de toda la humanidad...Uno de los tantos atributos de nuestro amado Dios es que él es benigno. No hay mal en él. Para la Real Academia Española, su definición es: "Afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible". ¡Precioso es nuestro Dios!, quien se deja conocer por medio de las escrituras, dejándonos pistas no solo de su poder, sino también de su carácter apacible y delicado.
La benignidad es una
naturaleza que sale del corazón de Dios. En la medicina, describen a un tumor o
una enfermedad que no muestra un grave peligro, o que no es mortal para el
paciente.
Este es nuestro
Padre Celestial, un Dios que es bueno y compasivo, un Dios que día a día anhela
la alabanza y la honra de sus hijos, un Padre que desea que vengamos y le
adoremos en espíritu y en verdad y deseemos su compañía. Conocerle por medio de
su palabra, comunicarnos con él por medio de la oración, que confiemos en sus
promesas y en sus planes como hijos, como ovejas de su prado, en
agradecimiento, en amor, tomándolo en cuenta cada día en todas nuestras
decisiones y planes. Sabiendo que, tomados de su mano, estamos firmes,
cuidados, seguros y somos superbendecidos. Tenemos que confiar en que, si nos
dejamos guiar por él, todo nos saldrá bien; él es nuestro hacedor, conoce
nuestro plan de vida y sabe para qué nos creó y cuál es el propósito fructífero
que tiene para nuestras vidas.
Nuestro Padre
jamás desea vernos comportar como cabritas tercas y necias que se caen y
resbalan una y otra vez; que por desobediencia se mantienen en un voladero
porque se niegan a escuchar la voz de su Padre, quien jamás les hará daño ni
ningún mal, porque él es benigno.
Es lamentable
leer en algunos lugares, fuera de contexto, sobre la ira, la destrucción, el
castigo, el juicio y la venganza de Dios en contra de los seres humanos,
"su creación". Y esto me hace entender por qué muchas personas, aun
creyentes, le tienen miedo y terror a Dios. Yo era una de esas personas, porque
me habían enseñado religiosamente de un Dios malvado, perverso y castigador,
pero el Espíritu de Dios quitó ese terror de mí.
Jehová de los
ejércitos venció a Satanás y a sus demonios por su creación. Pero muchos creen
que Dios se alista a diario para acabar con la humanidad. Si Dios hubiese
querido hacer eso, nada se lo hubiese impedido. En los tiempos de Noé, era
tanta la maldad del hombre que Dios determinó acabar con él. Sin embargo, envió
la oportunidad de salvación con Noé, y ni uno le siguió; nadie le creyó que
venía un diluvio; después hizo pacto con Noé y su descendencia. Hoy muchos no
quieren creer que Cristo vino a salvarnos y que tendrá una segunda venida a la
tierra, pero esta vez ya como un Rey para buscar a los que por voluntad propia
se han entregado a él como su único Señor y Salvador.
Ahora deseo
aclarar que Dios sí tiene ira (la ira de Dios), pero es "...tardo para la
ira..." "Porque un momento será su ira..." "El día de la
ira..." Pero la ira de Dios no tiene nada que ver con la ira del hombre;
la ira de Dios es santa y actúa en justicia. La ira del hombre arremete contra
quien se le atraviese sin piedad y puede ser demoníaca. Si hay un juicio para
la humanidad, si existe la venganza de Jehová, no podemos manipularlo o hacer
con él lo que nos venga en gana, pero muchas veces esto se saca fuera de
contexto y se muestra a un Dios malvado e iracundo que vive para hacerle mal al
hombre y desea destruirlo y hacerlo sufrir. Veamos qué es: "un día"
"un momento", "es tardo" para la ira y no es su
característica principal.
Todos le podemos
fallar a Dios segundo a segundo. Pero gloria a su amor, que es eterno. Él es
amor, y envió a su Hijo, para salvación y perdón de pecados. Dios siempre
actuó, actúa y actuará benignamente y en justicia. La sangre de Jesucristo nos libra del día de
la ira de Dios para los tiempos finales. Salmos 103:8: "Compasivo y
clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia".
El sol sale para
buenos y malos, para justos e injustos. Dios no nos ha ocultado que hay una
guerra espiritual, una lucha de Satanás en contra del hombre y la creación de
Dios, y un fin; pero ya Jesucristo venció al enemigo de nuestras almas, por
ello nos conviene estar bajo la cobertura del Hijo de Dios, porque es él quien
nos justifica ante el Padre y quien nos defiende del enemigo y sus demonios.
Ya en sus manos,
nosotros podemos ser como él, tenemos los frutos del Espíritu y allí está la
benignidad. Gálatas 5:22-23: "Mas el fruto del Espíritu Santo es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio
propio..."
La naturaleza de
Dios es hacer el bien, ser benevolente, paciente y misericordioso con su
creación; su amor incondicional habla de su naturaleza benigna; no hay mal en
él. Efesios 4:32 "Antes pues sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en
Cristo".

Todos necesitamos tener fe, y la buena noticia es que todos tenemos fe. La fe es activada cuando la usamos; es por medio de ella que podemos ver al mañana, grandes hechos, milagros, sueños cumplidos, metas alcanzadas y resultados poderosos.
Dios le dio una
medida de fe a cada ser humano, porque para creer en un Dios que no vemos y
colocar nuestra confianza en un Salvador para perdón y vida eterna, hay que
indispensablemente tener fe. La palabra dice que sin fe es imposible agradar a
Dios. Es decir que cuando nosotras llevamos una vida basada en hechos de fe,
Dios está complacido con nosotras.
Abraham es
llamado padre de la fe; salió de su tierra a un lugar que no sabía porque un
Dios que no conocía y se le revelaba como el Dios verdadero y eterno le ordenó
salir e ir a donde él lo llevaría, dándole grandes promesas a él y a su esposa
Sara, quien, por medio de la fe, siendo estéril, concebiría a su hijo Isaac en
la vejez.
Un terrible
enemigo de la fe, es el miedo y la incredulidad; estos dos la anulan, frenan
las promesas, alargan los tiempos y pueden hacer que Dios nos lleve a pruebas
que nos obligarán a tener fe. Por otro lado, las emociones negativas son un
veneno para desarrollarla. Ella es como un músculo que, mientras más la usamos,
más crece y se agiganta.
¿Cuál es la
diferencia entre la fe que tiene el hombre incrédulo, que no ha colocado su
confianza en Dios, y el hombre que ha creído y entregado su vida a Cristo?
En el caso del
hombre incrédulo, hay muchas filosofías y organizaciones que están cimentadas
en la fe. Pero, ¿la fe en quién? La fe en sí mismos, en hombres, religiones y
en deidades. La fe en sí mismo alimenta el "egocentrismo" y coloca al
hombre interior con un nivel de superioridad, convirtiéndose él en su propio
dios. También el hombre ha seguido filosofías, estudios creados por hombres en
donde, por medio de la fe, creen que después de morir, sin importar las
advertencias de Dios, ellos estarán bien. Así mismo, las religiones crean un
enfoque cultural y moral y la creencia en deidades como medio para llegar a
Dios.
En el caso del
hombre que le cree a Dios y ha colocado su confianza y fe en Jesús de Nazaret y
en la verdad de su Palabra, su fe se cimentará en la obediencia. Si Dios dice
que Jesucristo es su Hijo y que él lo envió a morir por nosotros para perdón de
pecados y vida eterna, y sin la comunión del hombre con el Hijo nadie podrá
llegar al Padre, así será, y así tendrá una relación personal con él.
Hebreos 11:6:
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que
se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le
buscan".
En este caso, ya
no se trata de mí, sino de que "en Cristo todo lo puedo". No es fe
para conseguir más y más bienes materiales, sino es fe para creer en lo que
Dios me dice y llegar a donde Dios me envía, así parezca imposible. Es fe para
realizar buenas obras, es fe para agradarlo a él. Es fe para vivir sabiendo que
él cuida de mí todos los días de mi vida.
La fe para creer
que el Señor me defiende de los ataques de Satanás. Es fe para confiar en que
llevaré su palabra hasta lo último de la tierra. Con fe confiaré en que él es
mi máximo proveedor. Es fe para alcanzar todas las promesas que Dios dejó para
mi vida, mi familia y las naciones. Es fe para creer que cuando parta de este
mundo me encontraré con el Rey de reyes.
La fe es la que
nos lleva a creer en grandes dones, milagros de sanidad, prodigios
sobrenaturales; es por fe que obedecemos la palabra de Dios. Por medio de la fe
servimos a un Dios invisible y glorificamos el nombre del Señor Jesucristo.
La visión de fe
está segura de que verá lo que espera, está convencida de que lo prometido será
una realidad y de que en el tiempo de Dios lo palpará y disfrutará. Cree y crea
lo que no existe. La fe construye, llega al fin del mundo, atrae y consigue lo
inimaginable, te aparta de la muerte y te hace vivir en paz; esa es la fe que
proviene y provee Dios por medio de su Santo Espíritu en el creyente.
Podemos decir
ahora que la fe del creyente no es para vanagloriarse, ni para beneficiarse
egoístamente; todo es por gracia y por amor de su nombre; es para cumplir su
propósito en nuestras vidas. Hebreos 11:3: "Por la fe entendemos haber
sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve
fue hecho de lo que no se veía".
Si Dios te ha
dicho o prometido algo, créelo en fe, porque a su tiempo llegará y se cumplirá
la promesa que él te ha dicho; olvida las circunstancias y lo natural y
recuerda que la fe mueve los montes, hace lo imposible posible. Teniendo esto
claro, todos tenemos una medida de fe y claro que puedes creer por grandes
cosas para ti y los tuyos, guiada siempre por el Espíritu Santo.
Una vez en
Cristo, todo lo alcanzado en fe, sea espiritual, salvación, dones, obras,
promesas, propósitos, sanidades, milagros, restauración, bendiciones
personales, plenitud, familiares, materiales, monetarias, empresariales,
siempre va a ser para dar testimonio y honor al Todopoderoso Dios.
Efesios 2:8:
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios".
La Biblia nombra
a muchos héroes de la fe; pero en este tiempo, Dios quiere que hombres y
mujeres dejen una poderosa huella y sean ejemplo de fe para todos aquellos que
los rodean y que sean recordados en el cielo y en la tierra por creerle a Dios
y vivir caminando en lo invisible para llegar a las visibles promesas del
Señor. Amén.
Qué alivio es necesitar ayuda y que una persona venga a
nosotros y nos diga: "¿Qué necesitas? Yo te ayudo", sin importar de
qué se trate y sin poner condiciones.
Podemos darnos cuenta de que en este versículo, Dios entra haciendo una directa y poderosa presentación de él. Es como quien dice: "Hola, yo soy Manuel, el mega-ultra-súper-abundante hombre, y vengo a ayudarte". Con una presentación así, no dudaríamos de que ese sea el indicado para resolvernos un asunto.
Cuando necesitamos algo y consideramos a alguien o a una institución, es importante el nombre, las características, el perfil del posible prospecto a quien se le va a pedir una ayuda. Dependiendo de qué se trate, algunos quedarán descartados. Otros los apropiados. Y claro que nosotros siempre buscamos primero la ayuda del hombre, pero cuando confiamos y creemos en nuestro Señor y Dios, él y nadie más que él será el único indicado para encargarse de nuestros asuntos, y veremos que él será el que nos recomiende a los hombres. Y si solo estás pensando horita en algo muy sencillo y cotidiano, dile a tu hijo, a tu esposo o a tu mejor amiga que por favor te ayude.
"Porque yo, Jehová, soy tu Dios..." La pregunta que tendrías que hacerte a ti misma es: "¿Es Jehová tu Dios?" En caso de que estés un poco confundida y dudes de quién es tu Dios, o tenga otro nombre, vamos a resolver y a eliminar esa duda:
Deut. 4:35 "A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él". En este punto hay que aclarar que las imitaciones siempre son malas y detrás de ellas hay una mano negra y una mafia. Al Todopoderoso Dios tratan de imitarlo, pero ¡JAMÁS! podrán igualarlo. "Jehová es Dios, y que no hay otro".
"... quien te sostiene de tu mano derecha… Después de presentarse y hacernos saber que el Todopoderoso Dios de los cielos continúa por darnos la confianza, el alivio, la paz, el consuelo de que nos está “sosteniendo". Qué horrible es sentir que estamos a punto de caer, pero confiar en que la mano de Jehová nos sostiene por la mano derecha. En la cultura de Israel, la mano derecha es un símbolo de confianza, amistad, firmeza, pacto, seguridad, no enemigos, sino amigos. Y aun en nuestra cultura, estrechar la mano derecha es símbolo de amistad y cordialidad.
"...y te dice: No temas, yo te ayudo". Querida amiga, escucha, entiende y confía en lo que Dios te está diciendo hoy; no importa la situación que estés pasando, Dios te dice: ¡Yo te ayudo!
El Señor está listo para escuchar tu clamor, tu petición, tu auxilio y venir a ti y ayudarte a salir adelante, para que vivas en paz, en abundancia, en sanidad, en amor, alegre, confiada en que la mano de Cristo te sostiene. Tu salud, tu matrimonio, tu casa, tu familia, tu trabajo, tu ciudad, tu barriada, tus hijos, tus padres, la infidelidad, las contiendas, el dolor, la muerte, la soledad, la escasez, la persecución, todo puede ser tocado y transformado por Dios. El Dios Omnisciente está en todos lados; su Santo Espíritu se mueve entre nosotros.
Se me hace tan reveladora e interesante leer esta historia de sanidad hecha por
el mismo Jesús, y cómo señalan a unos "hombres", no dice si eran
amigos, hermanos, conocidos, o simplemente eran personas que andaban entre la
multitud y, al ver la necesidad y la incapacidad de este paralítico de poder
llegar a los pies de Jesús para encontrar su milagro de sanidad, estos actúan
en fe y, arriesgándolo todo, pusieron frente a los ojos de Jesús al paralítico
para sacar de él su gran milagro.
Fue tanta su fe, que llamó la atención de Jesús, quien se detuvo para
entregarles a estos hombres la dicha de ver a su compañero levantarse de ese
lugar. Tomemos en cuenta que a Jesús le impresionó la fe de los
"hombres" no habla de la fe del paralítico en sí.
Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados
quedan perdonados". Hay que prestarle mucha atención a esto:
"Tus pecados quedan perdonados". No le dijo:
"Eres sano", ¿por qué?, si estaba enfermo, paralizado. Le dijo:
"Estás perdonado". Aquí el Señor nos deja ver cómo
el pecado y la falta de su perdón pueden hacer y actuar en contra de nosotros
terriblemente. El pecado puede mantenernos paralizados, inútiles de por vida en
diversas áreas. Hoy, hay tanta gente enferma a causa del pecado, por causa
de no perdonar a otros. Transgredir la ley de Dios trae en sí castigo, no para
el vecino, sino para uno mismo, y hasta para nuestra descendencia. El mal, que
por naturaleza vive en la humanidad, los mantiene atados, esclavizados,
encadenados al mal; mental, espiritual, emocionalmente, y esto se
manifiesta en el cuerpo.
Venir a buscar a Cristo hace la gran diferencia; su presencia, su perdón es la
medicina que nos libra de dolores y de muchas enfermedades, de la falta de paz
y la frustración que han llegado a nosotras por la naturaleza pecaminosa que
tenemos de hacer y tratar de esconder nuestros errores culpando a otros. Cuando
somos perdonados, instantáneamente empezamos a sanar, a vivir y a experimentar
la sanidad divina desde el espíritu, siendo renovados, redimidos y purificados
por la sangre preciosa de Cristo Jesús. Así mismo, el perdón puede
traer sanidad en el cuerpo.
Él se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de
todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios". Yo
puedo dar testimonio de esto; llegué a los pies de Cristo con tantos temores,
tan cargada, cansada y enferma. Llena de rabia, sentía que la vida me había
tratado a las patadas. Estaba llena de rencor, de tristeza, de amargura; tenía
tantos problemas internos y con ellos muchas enfermedades. Era esclava del
dolor, de las pastillas y de la autocompasión. Todos los días luchaba por
sobrevivir.
Cuando, por fin, decidí acercarme a Jesucristo, le pedí que entrara a mi
corazón; y unos 2 meses después, me di cuenta de que ya no tenía varias
enfermedades. No sabía por qué; en aquel momento parecía extraño, se me habían
quitado solitas y no podía explicarlo, pero ya no estaban en mí.
La historia del paralítico de
Bethesda me muestra claramente que cuando Jesús entró a mi vida y perdonó mis
pecados, me hizo libre de muchas enfermedades y entes demoníacos que moraban en
mí, esclavizándome y paralizándome en cuerpo, alma y mente.
Hoy, puedo ver tantas mujeres enfermas, tristes, llenas de dolor, sin paz,
amargadas, solitarias, depresivas, confundidas, inseguras; y creo que tan
solo con aceptar el amor y la salvación de su creador quedarían sanas de muchas
aflicciones del espíritu y del alma. Entendiendo que hay sanidades que ameritan
de procesos de restauración y de un trato espiritual con el Espíritu Santo para
una sanidad interior.
Los hospitales están llenos de gente
enferma a causa del pecado, enfermos espirituales por falta de perdón, y buscan
una medicina física, pero su dolor está alojado en el alma y allí solo Jesús
puede llegar y sanar. Entiende que los medicamentos pueden anestesiar los
dolores del cuerpo, pero no quitan los dolores de un trauma, un abuso, una
ofensa o de un pasado doloroso.
Cuando te llenas
de valentía y decides creerle a Dios y pones tu vida en sus manos, te
va a pasar lo mismo que a este hombre: ¡Serás sana! Y te levantarás y
actuarás en fe... "Él se levantó, tomó su camilla en seguida
y salió caminando a la vista de todos..." Jesús levanta tu
espíritu afligido, mujer, y te da nuevas fuerzas y saldrás caminando con la
frente en alto a la vista de todos, para ser testigo en el mundo del poder
sanador del Señor Jesucristo. Nosotras nos convertimos en testigos
de la veracidad de la palabra de Dios; esta se manifiesta en nuestra vida
entera, en nuestros cuerpos, en nuestra familia, en nuestro entorno, en cada
actividad, en nuestras metas, en los cambios positivos, en el plan perfecto de
Dios para cada una. Lo que creemos derrota a Dios, puede transformarlo en una
victoria.
Quizás la fe de otro obre a nuestro favor, quizás Dios vea la fe
persistente de una madre, una esposa, una hija, una amiga o de un conocido para
hacer y traer un milagro a tu vida, a tu matrimonio, a tu familia. El Señor
desea que todos vengamos a él llenos de fe, creyendo que él es capaz
de concedernos nuestras peticiones. Dile hoy a Jesucristo: "Entra a
mi corazón y perdona mis pecados. Te entrego mi vida". Recibe sanidad en el nombre de Jesús.
Santiago 4:13-15: "Presten
atención, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal cual ciudad y nos
quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero. ¿Cómo saben qué será de su vida el día de
mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y
luego se esfuma.
Lo que deberían decir es: Si el Señor
quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
De lo contrario, están haciendo alarde de sus propios planes
pretenciosos, y semejante jactancia es maligna".
Como seres humanos, nos gusta
ponernos nuevas metas a cada instante; retomamos lo que no hicimos en años
anteriores, declaramos cambios: cero problemas, cero peleas, paz, ser más
positivos, comer más sano, bajar de peso. Viajes, ganar mucho dinero, hacer el
negocio de mi vida, encontrar un esposo, amor, éxito, prosperidad en
abundancia, etc.
Y muchas estarán pensando: "¿Y
qué hay de malo en eso? ¡Pues nada! Yo le hice varias de esas peticiones a
Dios. Lo único que deseo es que hagamos un análisis interno y nos preguntemos
esto:
—¿Se lo pediste a Dios? ¿Lo tomaste en cuenta en las peticiones? Dijiste: ¡Si Dios quiere!"
—¿Son planes pretenciosos y egoístas?
—¿Sabes cuál es tu propósito en Dios en la vida?
—¿Tomaste en cuenta el área espiritual?
—¿Deseas impresionar a alguien?
—¿En todos tus deseos está Dios incluido?
—¿Lo hiciste porque todos lo hacen?
Repasemos el versículo base:
"Presten atención, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal cual
ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero. ¿Cómo
saben qué será de su vida el día de mañana?”
Este versículo nos da mucho en qué
pensar y nos confronta, porque la verdad es que, no tenemos el día de mañana asegurado y
tampoco tenemos control de los días. La palabra de Dios siempre nos va a
enseñar y a presentar la forma agradable de cómo debemos hacer las cosas.
¿Cuántos planes, no hacemos a diario, planificamos de un año para otro, vamos
de un lugar a otro, nos metemos en proyectos, negocios, y no incluimos a Dios?
Y no sabemos si viviremos el día de mañana, no sabemos qué nos acontecerá y si
podremos cumplir con aquello que nos hemos pautado. Vivamos y soñemos con fe y
en grande, creyendo en un mañana mejor, pero siempre tomadas de la mano de
Dios.
Que quede claro que no hay nada de
malo en hacer planes, ni en ejecutar un proyecto, en cuidarse y salir adelante;
solo que debemos aprender a reconocer que Dios tiene el control de todo y
debemos decir: “Si Dios quiere”.
Por otro lado, si fracasamos, no le
echemos la culpa a Dios. Tengamos en cuenta que, cuando obtenemos el plan de
Dios para nuestras vidas, nuestros proyectos y peticiones siempre los vamos a
basar en ese propósito que ya nos fue revelado. Entonces, ya no pensaremos solo
en nuestras necesidades, con egoísmo, sino por el amor al prójimo y el deseo de
agradar a Dios, y si Dios está metido en tus proyectos, esos proyectos
naturales y espirituales serán un éxito.
"...La vida de ustedes es como
la neblina del amanecer: aparece un rato
y luego se esfuma" Algo es seguro: el que nace algún día morirá. La vida
pasa tan rápido. ¿Cuántas personas vimos morir este año de una forma
inesperada? ¿Cuántas veces has pensado? —¡He perdido mi vida! No sabemos hasta
qué edad Dios nos va a permitir estar en la tierra. Para morir no hay una edad
estipulada y la maldad del hombre ha acelerado la partida de muchos. Si tú
sientes que no has aprovechado tu vida, ¡ven a Cristo! Y no importa tu edad, ni
tu pasado; en él tus días tendrán propósito y tendrás paz del mañana.
"...Lo que deberían decir es: Si
el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. De lo contrario, están
haciendo alarde de sus propios planes pretenciosos, y semejante jactancia es
maligna".
De la palabra de Dios sale la frase:
"¡Si Dios quiere!" Voy a tomar en cuenta a Dios en todo. Y prestamos
gran importancia cuando nos dice que ignorar esto es “jactancia” y es
“maligna”. Carne y tinieblas, renunciemos a eso y rindamos nuestros planes a
Dios y tengamos un corazón limpio y agradable a él en cada día que vivamos y en
cada proyecto que hagamos.
Y sepa que lo que Dios siempre
"quiere" es que usted venga al conocimiento de Cristo y sea salvo,
que lea y aprenda y ponga por obra su palabra, que vaya a la iglesia, que
crezca espiritualmente, que se aparte del mal, que cambie y renuncie al pecado,
que le obedezca y haga su buena y perfecta voluntad. Que ame a su prójimo, que
cumpla su llamado, que viva en paz, que gane almas para Cristo y glorifique su
nombre porque eso tendrá recompensa.